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LA VIRGEN MARIA Y EL ESPIRITU SANTO

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 26 Ee mayo Ee 2021 a las 19:15 Comments comentarios (0)

RENOVACION CARISMATICA CATOLICA


MES MARIANO 2021


4. LA VIRGEN MARÍA Y EL ESPÍRITU SANTO


Lc 1,35-36 Podemos afirmar a traves de este pasaje Biblico que la

Encarnación del Verbo es el primer Pentecostes porque hay una

especial revelación y presencia del Espiritu Santo. En efecto, el angel

Gabriel dice a la Virgen Maria: “El Espiritu Santo vendrá sobre ti” y

cuando el Espiritu Santo llega sobre nosotros se vive un Pentecostes

personal que nos hace cambiar, y nos lleva a una verdadera entrega al

servicio del Señor.


El Espiritu Santo viene sobre la Virgen Maria, la cubre con su sombra

para ser Madre-Virgen, el calor del Espiritu Santo hará germinar el

misterio del Verbo de Dios que se hace hombre.


El Espiritu Santo suscita la respuesta consciente y libre de la Virgen

Maria que hace donación de todo su ser al plan de Dios: “He aqui la

sierva del Señor; hagase en mi segun su palabra” (Lc.1,3).

Y vemos como la Virgen Maria toma la decisión y se va prontamente a

prestar el servicio a su prima Isabel. Toda persona que ha recibido y

aceptado al Espiritu Santo en su vida, el primer fruto que debe mostrar

es el servicio al Señor en los demas.


Lc 1,40-41 En la visitación podemos afirmar que se da un nuevo

Pentecostes para la Virgen Maria y el primer Pentecostes para Santa

Isabel. Todos somos portadores del Espiritu Santo y por lo tanto el

encuentro nuestro con otra persona debe ser un momento de gozo y

presencia del Espiritu que suscita un momento de alabanza y oración

movida por el Espiritu Santo que nos lleva a vivir un Pentecostes en

comunidad. Aqui se da un nuevo fruto en nuestras vidas: el Gozo de

alabar a Dios.


El Nacimiento de Jesús es el cumplimiento de la Anunciación: Jesus

nace virginalmente de Maria, Virgen y Madre. La luz del Espiritu Santo

inunda el portal de Belén, envuelve a los pastores y guia a los magos

hasta el lugar donde está Jesús.


Jn 2,1-12 La Virgen Maria movida por el Espiritu Santo y dejando ver los

Dones que ha recibido va a interceder para que se realice el primer

milagro que Jesús hara, gracias a su presencia en esa boda. Por eso es

importante que en nuestra boda y en nuestra vida invitemos a la

Virgen a que sea parte esencial en nosotros y en la vida de nuestras

familias.


Veamos los dones que va a poner en accion la Virgen María:

SABIDURIA, PIEDAD Y CONSEJO.


*Sabiduria: Da un gusto por las cosas de Dios, discierne lo que se debe

hacer o evitar.

*Piedad: Caracteriza al que se abandona en las manos divinas y pide

con la seguridad de que no quedara defraudado.

*Consejo: Inspira lo que debe hacer y lo que debe insinuar a los demas.

La Virgen Maria estaba junto a la cruz de Jesus. Es la expresión de una

Fortaleza que solo el Espiritu Santo puede dar. El mismo Espiritu

culmina la obra que inició en la Encarnación del Verbo cubriendo y

protegiendo a la Virgen Maria. Finalmente ella recibe las primicias del

Espiritu Santo en la resurrección y glorificación de su hijo.


Hechos 1,14 Los Apostoles, podemos decir que presididos por la Virgen-

Madre perseveraban unanimes en la oración esperando el Espiritu

Santo que Cristo habia prometido.


La venida del Espiritu Santo marca el Nacimiento de la actividad

misionera de la Iglesia. Asi como La Virgen Maria esta presente en el

Nacimiento de Jesús como Madre por obra del Espiritu Santo, asi la

Virgen Maria está presente en el Nacimiento de la actividad de la

Iglesia, Cuerpo de Cristo, como Madre por obra del Espiritu Santo.

Le pedimos a la Virgen Maria que nos enseñe a ser fieles a la presencia

y acción del Espiritu Santo que nos mueve a seguir a Cristo en la Iglesia

para gloria de Dios Padre.


ORACION: Acalla la imaginación, cierra los ojos fisicos a las cosas

sensibles y a los ruidos terrenos para estar en ti mismo, y alli, en el

santuario de tu alma bautizada, templo del Espiritu, le hables a este

divino Espiritu diciendo:

“OH Espiritu Santo, alma de mi alma, te adoro. Iluminame, guiame,

fortificame, consuelame, dime lo que debo hacer, dame tus ordenes.

Prometo someterme a cuanto desees de mi y aceptar lo que permitas

que me suceda; unicamente, haz que yo conozca tu voluntad. AMEN”


¿ADORAMOS A MARIA?

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 18 Ee mayo Ee 2021 a las 18:25 Comments comentarios (1)

RENOVACION CARISMATICA CATOLICA


MES MARIANO


3. ¿ADORAMOS A MARÍA?


 

Cuando un hermano protestante se encuentra con un católico debil en su fe,

inmediatamente le dice: «Los catolicos ADORAN A MARIA: La Biblia dice que eso es

pecado porque solo se debe adorar a Dios». 1, Estan seguros los hermanos

protestantes de que, de veras, ADORAMOS a la Virgen Maria? i Que dificil creerlo!

No sera, mas bien, un bonito eslogan que les ha dado resultado para confundir a

algunos católicos debiles en su fe? Pero es evangelico -conforme al Evangelio-

«calumniar» a otro para conseguir proselitos? ¿Estan convencidos los pastores

protestantes que, de veras, los católicos adoramos a la Virgen Maria? Adorar

quiere decir rendir culto divino a una persona o cosa, el culto que se rinde a Dios. Si

nosotros adoraramos a la Virgen Maria, no podriamos hablar de la Santisima

Trinidad; tendriamos que referirnos a la Santisima Cuarteta: Padre, Hijo, Espiritu

Santo y Maria. Cosa que nunca nos ha pasado por la mente. Creen sinceramente

los pastores protestantes que nosotros rendimos culto divino a la Virgen Maria?

iMuy dificil creerlo! Si no lo creen, sinceramente, entonces por que permiten que

los de su congregacion continuen «calumniando» a los catolicos? Es eso

«evangelico»?


Veneramos a la Virgen María


Por que VENERAMOS de manera especialisima a la Virgen Maria? La respuesta la

encontramos en la Biblia. Cuando el angel le anuncia a la Virgen Maria que será la

Madre del Mesias, le dice varias cosas muy reveladoras: La llama “llena de

Gracia» (Lc 1,2), le asegura que por obra del Espiritu Santo sera la "Madre del

Hijo de Dios» (Lc 1, 35). Por medio de esta revelación del angel sabemos que Dios

«lleno de Gracia» a la Virgen Maria porque ella fue la Nueva Arca de la Alianza

donde se posó la «divinidad». Es por eso que Dios, antes del nacimiento de Jesus,

la “lleno de Gracia» para que Jesus naciera en un receptaculo no tocado ni un solo

instante por el pecado original. Por eso a la Virgen Maria la llamamos

«Inmaculada Concepción».Porque desde su nacimiento fue llenada de Gracia,

porque Dios se preparó una morada para que fuera templo de la divinidad.

La Virgen Maria, en su canto del Magnificat, dice: «Se alegra mi espiritu en Dios

mi Salvador» (Lc 1, 47) llama a Dios su «saIvador». Ella fue redimida

anticipadamente en previsión a los meritos de Jesus en la cruz. La Virgen Maria no

es divina: tuvo que ser «salvada» previamente para ser llenada de Gracia, como el

Arca del Nuevo Testamento. El Arca de la Alianza del Antiguo Testamento contenia

simbolos religiosos (Tablas de la Ley, Maná, la vara de Aaron). La Virgen Maria no

 contuvo simbolos religiosos, sino a la misma divinidad. Jesus era Dios y hombre. En

su mismo cantico del Magnificat, la Virgen Maria, al reconocer lo que Dios ha

obrado en su vida, hace una profecia: «Me Ilamaran bienaventurada todas las

generaciones» (Lc 1, 4), es decir, llena de la Gracia del Señor.


El angel, en la anunciación, tambien le dice a la Virgen Maria que sera la Madre del

Hijo de Dios (Lc 1, 32). Por eso, sin complejos teologicos, la llamamos: «Madre de

Dios». No significa, de ninguna manera, que la Virgen Maria engendre a Dios. Ni se

nos ocurre! Simplemente que es Madre de Jesus que es Dios y hombre a la vez.

Al llamar a Maria «Madre de Dios», no afirmamos ninguna superioridad sobre Jesus.

No le dedicamos ningun atributo divino. A los hermanos protestantes les disgusta

sobremanera que la llamemos «Madre de Dios». Se les olvida que su fundador,

Martin Lutero, tambien llama «Madre de Dios» a la Virgen Maria en el precioso

estudio que hizo sobre el Magnificat.


La respuesta de porque VENERAMOS con mucha fe y devoción a la Virgen

Maria tambien la encontramos en san Lucas, en el momento que Maria va a

visitar a su prima santa Isabel; esta, llena del Espiritu Santo, la llama: «Madre de

mi Señor», «Bendita entre todas las mujeres», «Bienaventurada tu que has

creido» (Lc 1, 42-45). Isabel, llena del Espiritu Santo, llama a Maria: «Madre del

Señor», que en la Biblia significa: Madre de Dios. Una persona llena del Espiritu

Santo no puede decir «disparates teológicos».


Como Isabel, llena del Espiritu Santo, nosotros no tenemos ningun reparo en

llamar a la Virgen Maria: “Madre del Señor”, «Madre de Dios». Tampoco creemos

hacer mal si, como Isabel, la nombramos «Bendita entre todas las mujeres», o

“Bienaventurada». Nos sentimos muy gozosos de estar incluidos entre las

«generaciones» que Maria profetizó que la llamarian «bienaventurada».

Con frecuencia, alguna persona, que ha sido cuestionada por algun hermano

protestante, me ha preguntado si se puede «alabar» a la Virgen Maria; que le han

dicho que solo se puede alabar a Dios. Yo los he enviado inmediatamente al

Evangelio de san Lucas, a los pasajes de “la anunciacion del angel» (Lc 1, 28-3) y de

«la visita de Maria a Isabel» (Lc 1,39 45). Nada menos que Dios Padre manda a

decirle a Maria por medio de un angel: (“Dios te salve, llena de Gracia» (v. Lc 1,

2). Tambien Isabel, llena del Espiritu Santo (inspirada por el Espiritu Santo), la

alaba diciendole: «Bendita entre todas las mujeres» (v. Lc 1,42),

«Bienaventurada» (v. Lc 1,45). No hay que tener miedo de hacer lo mismo que

hicieron el angel Gabriel e Isabel. No tiene sentido hablar de que no se puede

alabar a Maria. Y no solo intelectualmente, sino de corazón. Alaban de corazón los

hermanos protestantes a la Madre del Señor? ¿Por que tienen miedo de hacerlo?

El angel Gabriel, enviado por Dios, no tuvo temor de alabarla; tampoco santa

Isabel, por inspiración del Espiritu Santo.


Siempre Virgen Maria


Cuando se toca el tema de la Virgen Maria, lo primero que muchos hermanos

protestantes se apresuran a decir es: “Maria tuvo otros hijos». Como que tener hijos

 fuera algo malo. Algo que desagrada a Dios. Si la Virgen Maria, en los planes de Dios,

hubiera tenido «otros hijos», para nosotros seguiria siendo la «Ilena de Gracia», la

“Bendita entre todas las mujeres», la "Madre del Señor». No le restaria nada a su

privilegio de ser la Madre del Señor. El matrimonio es un Sacramento. Algo Santo,

instituido por el mismo Dios. Pero, en la Biblia, claramente, se revela que Dios

quiso que Jesus naciera virginalmente de Maria, solo por obra del Espiritu Santo. Y

tambien que Maria permaneciera siempre Virgen.


Cuando el angel le anuncia a Maria que va a quedar embarazada y será la

Madre del Hijo de Dios, ella turbada, responde: «No conozco varón» (Lc 1,34), es

decir, no he tenido relaciones sexuales con ningun hombre. El angel, de parte de

Dios, le explica que todo sera por obra del Espiritu Santo, sin «concurso de varón»

(Lc 1,35). Esto se aprecia con evidencia en el Evangelio de san Mateo, que

describe, dramaticamente, la situación del novio José, que al enterarse del

embarazo de Maria, se deprime y piensa abandonarla «en secreto» (Mt 1,20),

para no tener que acusarla ante un tribunal, como mandaba la ley. Todo se

resuelve con un sueño-visión que tiene José. Dios le aclara que la concepción de

Maria ha sido por obra del Espiritu Santo. Se le ordena a José que lleve con

confianza a Maria a su casa (Mt 1,20). Más claramente no se puede detallar el

plan de Dios de que Jesus naciera virginalmente. No segun las leyes biologicas.

Hay que tener muy presente que Jesus no era simplemente un hombre. Era Dios y

hombre; nunca dejó de ser Dios.


El problema con los hermanos protestantes es que se basan en algunos textos

biblicos que, segun ellos, indican que Maria no fue siempre virgen. El primer

texto es el que narra lo que sucedió despues del sueño-visión que tuvo José. Dice

el texto: «Y no la conocia hasta que ella dió a luz a un hijo, y le puso por nombre

Jesus» (Mt 1, 25). Los otros textos que los hermanos protestantes esgrimen para

«probar» que Maria no permaneció siempre virgen son los varios pasajes que

hablan de los «hermanos de Jesús” (Mt 12, 46, Mt 13, 55-56; Mc 6, 3 ). Otro texto

clave para ellos es el de Lc 2, 7, en el que el evangelista narra que Maria tuvo a su

hijo primogenito. Segun ellos, esto indica que tuvo otros hijos.


Habria que comenzar por recordarles a los hermanos protestantes que sus

«fundadores», Lutero, Calvino, Zuinglio, siempre se refirieron a Maria como «la

siempre Virgen Maria». En los «Articulos de la Doctrina Cristiana», que debian

profesar los protestantes, Lutero escribe que Jesus nació de «Maria pura, santa y

SIEMPRE VIRGEN» (año 1537). Calvino trató de ignorante a Helvidio (hereje del

siglo V) porque afirmaba que Maria tuvo otros hijos. Zuinglio escribio: «Maria,

como virgen pura, nos engendró al Hijo de Dios, y tanto en el parto, como

despues del parto SE CONSERVO SIEMPRE VIRGEN, pura e integra» (Corpus

reformatorum, Zwinglii, Opera 1424). ¿Por que para los hermanos protestantes

es correcta la interpretación que los Reformadores protestantes hicieron de la

Biblia con respecto a que la justificación es «solo por la fe»; pero es «incorrecta» la

interpretación que los mismos Reformadores hicieron de la Biblia, cuando afirmaron

que Maria permaneció «siempre Virgen»? i,Que paso? No era el Espíritu Santo el

que les ilumino su interpretacion de la Biblia en ese entonces? zEs posible que el

Espiritu Santo a los Reformadores protestantes, en aquel tiempo, les haya dicho que

Maria permanecio siempre virgen, y que a los actuales protestantes, ahora, les diga

que Maria no permaneció siempre Virgen?


 

El magisterio de nuestra Iglesia


Todo el que, imparcialmente, va a consultar la interpretacion de la Biblia, que se

llevo a cabo desde los inicios de la Iglesia, podra comprobar que la Tradicion de la

Iglesia Catolica siempre ha enseñado que Maria dió a luz a Jesus virginalmente y

permaneció siempre Virgen. Nunca los Padres Apostolicos (del tiempo de los

apostoles), ni los Santos Padres (que vivieron entre los años 150 y 600) afirmaron

lo contrario. Tambien los dirigentes de la Reforma protestante se refirieron a la

«siempre Virgen Maria». Sera que durante todos esos siglos el Espiritu Santo

estuvo «dormido» y, al fin, se despertó con los protestantes que vinieron despues

de Lutero, Calvino y Zuinglio? Jesus fue específico en prometer su Espiritu Santo a

su Iglesia. Dijo Jesus: «El los llevara a toda Verdad» (Jn 16, 12). Si la Iglesia se

equivocó durante todos esos siglos, casi mil quinientos años, Donde estaba el

Espiritu Santo prometido por Jesus?


Hijo Primogenito


Con respecto al texto de Mt 1, 25, que informa que Jose recibió la orden de

llevarse a Maria a su casa, la Biblia protestante, de Reina Valera, traduce: Pero

no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogenito, y le puso por nombre

Jesus». Los hermanos protestantes insisten en afirmar que de este texto se

deduce que, despues del nacimiento de Jesus, Jose tuvo relaciones conyugales

con Maria, y que de esas relaciones nacieron varios hijos.

El biblista Esteban Betencourt escribe: «Algunos han querido deducir de este texto

que despues del nacimiento de Jesus, Jose hubiese tenido relaciones conyugales

con Maria. Es una interpretación que no toma en cuenta una particularidad de la

lengua biblica (semita): la expresión «hasta que» corresponde al griego heos hou y

al hebraico ad Ki. Son varios los textos escrituristicos en los que se usa esa misma

expresión para designar simplemente lo que no se dio en el pasado, sin indicar lo

que sucederia despues». El mismo escritor cita algunos ejemplos biblicos que

confirman su afirmación: En Gn 8, 7, se lee: «El cuervo que Noe soltó despues del

diluvio no volvió al arca hasta que se secaron las aguas». No quiere decir que el

cuervo si volvio despues del diluvio, sino que no volvio nunca mas.

En el segundo libro de Samuel, leemos: «Mical no tuvo hijos hasta que

murio» (2S 6,23). Ciertamente no quiere afirmar que Mical tuvo hijos

despues de muerta. En el Salmo 110, 1 se lee: «Sientate a mi derecha HASTA

QUE ponga a tus enemigos como estrado de tus pies». No quiere decir que

cuando sean vencidos los enemigos, Jesus ya no seguira a la diestra del

Padre. Cuando Mateo dice que José «no la conocio hasta que ella dió a luz a

su hijo primogenito», no quiere afirmar, necesariamente, que despues si la

conocio. Es por eso que la Biblia de Jerusalen traduce este texto asi: «Y sin

haberla conocido, dio a luz un hijo» (Mt 1, 25).


En cuanto a lo que se refiere al «HIJO PRIMOGENITO», el mismo comentarista,

Betencourt, explica: «Aun fuera de Israel se podia Ilamar «primogenito» a un niño

que no tuviese hermanos ni hermanas menores; muy bien lo testifica una

inscripcion sepulcral JUDAICA, del año 5 A.C., descubierta en Egipto, en 1922. Alli

 se lee que una joven Ilamada Arsinoe murió «en los dolores del parto de su hijo

primogenito». Notese que en ese texto el modo de hablar que señalamos en

relacion a Mt 1,25: «primogenito» se llama al hijo antes del cual no hubo otro, no,

necesariamente, aquel despues del cual hubo otros» (ob. Cit p. 201).

Esto mismo puede ser aclarado, si consultamos la Carta a los Hebreos, en

donde se lee: «Y nuevamente, al introducir a su PRIMOGENITO en el mundo, dice:

Y adorenlo todos los angeles de Dios» (Hb 1, 6). Ciertamente este versiculo, al

hablar del Primogenito, no afirma que Dios Padre, despues de Jesus, tuvo «otro

hijo». Es importante tener en cuenta que en el griego comun (Koine), la palabra

PROTOTOKOS equivale al hebreo DEKOR: primer hijo de una madre, el que

pertenece a Dios y tiene que ser rescatado segun la ley (Ex 13, 2). Cuando San

Lucas dice «Maria dió a luz a su hijo primogenito», lo que el evangelista quiere

resaltar es la obligación de rescatar al primer hijo, segun lo ordena la ley.

Y los hermanos de Jesus?


Nuestra Iglesia, con sus muchos y excelentes especialistas en la Biblia, ha enseñado

que cuando en el Evangelio se habla de los «hermanos de Jesus», se hace alusión a

«primos hermanos o parientes cercanos», pues en la Biblia, muchas veces, se Ilaman

«hermanos» a los que solamente son parientes cercanos. En Genesis 13, 8, se llama a

Lot, hermano de Abraham: Lot no era hermano, sino sobrino de Abraham. En Gn

29,15, Laban llama hermano a Jacob, pero Laban era tio de Jacob.

San Jeronimo (+420) le contestó muy ardientemente al escritor Tertuliano que

comenzo a hablar de «otros hijos de Maria». El mismo san Jeronimo, primer

traductor de la Biblia al latin, lengua popular de su epoca, llego a exponer la teoria

de que «los hermanos de Jesus» podrian ser hijos solo de Jose que podria haber

enviudado y se habria casado nuevamente. Esto lo tomó san Jeronimo del libro

«apocrifo» El protoevangelio de Santiago. Ciertamente, este libro no es ningun texto

inspirado, pero refleja la mentalidad de la epoca con respecto a los llamados

«hermanos de Jesus».


Por otra parte, es muy notable lo que apunta el conocido comentarista

protestante, Charles Ryle, en el Evangelio de san Lucas (8,19), cuando se refiere a

los «hermanos de Jesus; dice Ryle: «La palabra asi traducida no significa

necesariamente los hijos de la misma madre. Es evidente que en muchos pasajes

de la Biblia, la palabra «hermanos» tiene frecuentemente una significación mas

alta, y puede denotar primos, o parientes mas lejanos». El mismo autor

protestante añade: «Algunos piensan que estos «hermanos» eran hijos de José de

sus primeras nupcias. Otros piensan que eran hijos de una de las hermanas de

Maria» (Lucas, Editorial CUE, Barcelona, 1990 p. 197)


El pastor protestante John Wesley, fundador del «Metodismo», en su «Carta a

un catolico», escribió: «Creo que Jesus fue concebido por obra singular del

Espiritu Santo, nacido de la bendita Virgen Maria, que tanto antes como despues

de darlo a luz, CONTINUO VIRGEN INMACULADA» (Revista En marcha, Brasil, No.

enero-febrero 1972).


 

En los Evangelios se habla de «hermanos de Jesus», pero no hay ninguna cita

biblica que se refiera a «hijos de Maria». Es algo que hay que resaltar. Ademas,

hay que tomar muy en cuenta lo que sucedio en el Calvario, cuando Jesus estaba

por morir. El Señor llama a Juan y le encomendó a su Madre: «Hijo, he ahi a tu

madre». El Evangelio dice que Juan recibio a Maria y se la llevó a su casa (Jn 19,27).

Donde estaban todos los hermanos y hermanas que, segun los hermanos

protestantes, tenia Jesus? No es posible que Maria hubiera sido tan «mala

educadora» que no hubiera logrado que ninguno de sus supuestos hijos e hijas la

acompañaran en ese momento tan tragico de su vida! i,Que hija va a permitir que

un «extraño» se lleve a su madre a su casa? Porque los Reformadores

protestantes, Lutero, Calvino, Zuinglio, investigadores biblicos, nunca encontraron

en los Evangelios todos estos hermanos y hermanas que dicen los protestantes

actuales que Jesús tuvo?


La respuesta no es dificil de encontrar. Los protestantes posteriores a los

reformadores, se fueron encendiendo, mas y mas, en rencor contra la Iglesia

catolica, que no se doblegó para nada ante sus continuos ataques. Entonces la

emprendieron contra lo que el catolico aprecia más. Entre las cosas que el

catolico siempre ha puesto en un lugar de privilegio está la devoción a la Virgen

Maria. Los hermanos protestantes, comenzaron a manipular la Biblia. Procuraron

echar mano de todo versiculo que se acomodara a sus propositos de combate, y

atacaron, nada menos, que a la Madre del Señor. De «Llena de Gracia», de

«Madre del Señor», de «Bienaventurada», de «Bendita entre todas las mujeres»,

la redujeron a «no llena Gracia», «no siempre Virgen», «no Madre de Dios».

Apenas la dejaron como «bienaventurada». Algunos, con verdadero odio, hasta

hablan de la Virgen Maria como de una «mujer como todas las demas», de la cual,

unicamente, Dios se sirvió para nacer. Algunos hermanos protestantes hasta

llegan a decir que Jesus «ni caso le hizo a Maria», cuando le avisaron que lo

buscaban su Madre y sus hermanos (Mc 3, 31-35). Aqui, al que dejan mal parado

los hermanos protestantes es a Jesus, pues, El, que le indica al joven rico que

debia «cumplir los mandamientos» (Mt 19,17), ahora, se muestra como un hijo

que «no honra a su Madre».


Lastimosamente, los hermanos protestantes, por combatir a los catolicos, la

emprendieron, nada menos, que contra la Madre del Señor. Hablan maravillas de

Jesus, pero se refieren a la Virgen Maria con muchos «reparos», tratando de

bajarla del pedestal en que la Biblia y la Iglesia catolica la han colocado. Alguien

con mucha agudeza, afirmaba que los hermanos protestantes se llevan una hora

alabando a la mujer adultera del Evangelio, que se convirtió, pero no dedican ni

un minuto a alabar a la Madre del Señor. Y, si lo hacen, es de una manera

puramente intelectual, no de corazón. Con el pretexto de no empañar la figura de

Jesus, no se expresan muy bien con respecto a la Madre de Jesus. , Sera esto

logico?. Le agrada a Jesus que traten a su santisima Madre de esta manera?


Maria en ambientes protestantes


Junto al pulpito de Lutero, en Wittenberg, habia un cuadro de la Asunción de la

Virgen Maria. Lutero nunca lo retiro de alli. Muchos años despues de su muerte,

alli permanecia en Wittemberg. Lutero escribia un bello estudio sobre el

 

Magnificat en el que llama a Maria «Madre de Dios». Lutero, todos los dias rezaba

el Magnificat, el canto de Maria.

El principal dirigente protestante del Pentecostalismo clasico, David Duplessis,

cuenta que cuando supo de las apariciones de la Virgen María en Medjugorie, con

disgusto determinó ir a comprobar como los catolicos decian a toda hora:”María,

María, María”. Pero su sorpresa fue que lo que mas escucho decir fue: “Jesús,

Jesús, Jesús”. Entonces vio que, María le sirve a los catolicos para llevarlos a Jesús.

La Virgen María no nos aparta de Jesús, ella esta para decirnos “Hagan lo que El les

diga”.(Juan 2,5).


El Padre Dario Betancourt, que ha viajado por muchos paises llevando la Palabra

de Dios, contaba que lo habian invitado a una Universidad Protestante de Estados

Unidos para una platica. All terminar un Pastor le pregunto: Padre usted reza el

Rosario? El Padre Dario creyo que aquel Pastor le queria tomar el pelo.

El pastor le dijo en publico: «Con la sangre de quien hemos sido redimidos? Con

la sangre de Jesus. Y quien le dio su sangre a Jesus? La Virgen Maria. Por eso,

padre, yo rezo el rosario todos los dias. El padre Dario comenta que quedo muy

impresionado. No se esperaba que un pastor protestante diera ese testimonio

delante de todos los universitarios. Una de las cosas que me ha llamado la

atención es que muchos de los hermanos protestantes, que se convierten al

catolicismo, se entusiasman con el rezo del rosario, a veces, mas que los mismos

catolicos.


Dos de los famosos teologos protestantes que se convirtieron al catolicismo son

John Newman y Max Thurian. Los dos dieron testimonio de que lo que les atrajo

mayormente a la Iglesia católica fue la necesidad de recibir la santa comunión y

la devoción a la Virgen Maria. John Newman en su libro, Discursos sobre la fe,

dedica dos preciosos capitulos a la Virgen Maria. Nos expone su punto de vista

como convertido al catolicismo acerca de lo que es para el la Virgen Maria. Una

vez convertido, ya no le repugnó hablar de la Inmaculada Concepción de Maria.

Todo lo contrario, escribió algo maravilloso al respecto, cuando dice: «Si san Juan

Bautista fue santificado antes de nacer, Maria no puede estar solamente en el

mismo plano. Acaso no es logico que sus privilegios superen a los de Juan? No es

extraño que si la gracia se anticipó tres meses al nacimiento del Bautista,

apareciera, con Maria, en el primer momento de su ser, borrara toda imputación

de pecado y llegara antes que la actuación del maligno. Maria debe sobrepasar a

todos los santos. El mismo hecho de que los santos hayan recibido determinadas

prerrogativas nos dice que las de ella han sido las mismas y aun mayores. Su

concepción fue inmaculada a fin de superar a los santos tanto en el instante como

en la plenitud de su santificación» (Ob. Cit p. 357). Max Thurian, a su vez, al

convertirse al catolicismo, escribió algunos libros que especificamente abordan

temas eminentemente católicos: Maria, Madre del Señor, figura de la Iglesia, La

Confesión, Una sola Eucaristia.


Me ha llamado tambien la atención el caso de una religiosa protestante de

Alemania, que ha fundado una congregación con el nombre de "Congregación de

Maria". Esta religiosa se llama Basilea Schlink. Ha escrito un libro titulado “Maria,

el camino de la Madre del Señor”. Esta religiosa y sus compañeras de comunidad,

 todas protestantes, se declaran fervientes devotas de Maria. Todo esto nos indica

que en muchos ambientes protestantes hay un redescubrir lo que, un dia, fue algo

normal para la Iglesia: la devoción a la Madre del Señor.


Ultimamente ha llegado a mis manos un fascinante libro titulado: El regreso a

casa. El regreso a Roma (Ignatius Press, San Francisco, 1993).En este libro se

narra el proceso de conversión de dos teologos protestantes: Scott y Kimberly

Hahn. Dos esposos que eran rabiosos anticatólicos. Los dos graduados en

teologia. Scott era pastor y catedratico en una universidad y en un seminario

protestante. De pronto, en una venta de libros usados, Scott compra la biblioteca

de un sacerdote que habia muerto. Se encontró con lo mejor de los teologos

catolicos modernos, como De Lubac, Garrigou-Lagrange, Ratzinger, Urs von

Balthasar, Pieper, Danielou, Dawson, Sheeben. Cuenta Scott que el se dijo: «No

se porque nunca se nos habló en el seminario acerca de los pensadores

teologicos mas brillantes de los tiempos modernos» Tambien se dijo: «Aunque

estuvieran equivocados, es una mina de oro». Para Scott fue un hallazgo (Ob. Cit.

p. 67).


Mientras Scott meditaba en los enfoques católicos, que presentaban

los teologos con los que se habia encontrado, un dia un compañero

de universidad, llamado Chris, quiso burlarse de el haciendole ver que

habia empezado a .adorar a Maria. Scott le explica porque motivo

creia que debia «venerarse a Maria». Le dijo: «Simplemente recuerda

dos basicos principios biblicos: Primero, tu sabes que como hombre,

Cristo cumplió a la perfección la ley de Dios, incluyendo el

mandamiento de honrar a su padre y a su madre. La palabra hebrea

para honrar, es kabodah, literalmente significa `glorificar'. Asi que

Cristo no solo honro a su padre celestial, sino que tambien honró

perfectamente a su madre terrenal, Maria, otorgandole su propia

gloria divina.


El segundo principio es aun más facil, la imitación de Cristo.

Sencillamente imitamos a Cristo no solo honrando a nuestras propias

madres, sino tambien honrando a quien quiera que El honra, y con la

misma clase de honra que El otorga» (Ob. Cit. Pag. 72). Esta exposicion

de este teologo, que en ese momento era todavia protestante, no deja

de impresionamos como católicos. Nos da una pauta de como alguien

que solo ha escuchado «una campana», al escuchar la «otra», puede

tener una visión mas adecuada de lo que piensa y enseña la Iglesia

catolica.


 Es muy significativa la manera como Scott le procuraba explicar a su esposa

Kimberly, cual era su pensamiento con respecto a la Virgen Maria. En este

momento Scott todavia era protestante. Le dice: «Maria es la obra maestra de

Dios. Has ido alguna vez a un museo donde un artista este exponiendo sus obras?

e:Crees que el se ofenderia si te entretuvieses mirando la que el considera su obra

maestra? e:Se resentiria porque te quedaras contemplando su obra en vez de a el?

`i0ye, es a mi a quien tienes que mirar!'. En vez de eso, el artista se siente honrado

por la atención que le estas dedicando a su obra. Y Maria es la obra por excelencia

de Dios, de principio a fin.... Y si alguien elogia a uno de nuestros hijos delante de ti,

le vas a interrumpir diciendo: 'Demos el reconocimiento a quien realmente le

corresponde?'... No, tu sabes que recibes honra cuando nuestros hijos la reciben.

Del mismo modo, Dios es glorificado y honrado cuando sus hijos reciben honra.

(Ob. Cit.p150).


Dice el pueblo: «Todo es del color del cristal con que se mira». Pienso que

muchos hermanos protestantes, desde niños, han recibido un enfoque incorrecto

con respecto a lo que los catolicos pensamos y sentimos acerca de la Virgen Maria.

Mucho han influido en esto, las exageraciones y desviaciones de muchos catolicos

que han hecho consistir la devoción a la Virgen Maria en una serie de «falsas

devociones», en las que se afirman y hacen cosas que la Iglesia reprueba. El

Concilio Vaticano II arremetió contra la «falsa devoción» a la Virgen Maria. El

Concilio clarificó que la devoción a la Virgen Maria debia estar solidamente

afianzada en la Biblia y en la Tradición. El Papa Pablo VI escribió: «Quisieramos

recalcar que la finalidad ultima del culto a la bienaventurada Virgen Maria, es

glorificar a Dios, y empeñar a los cristianos en una vida absolutamente conforme a

su voluntad» (El culto mariano). Creemos que cuando un hermano protestante

descubre nuestra manera ortodoxa de «venerar» a la Madre del Señor, basada en

la Biblia y en la Tradición, no nos va a juzgar tan desenfocadamente como, con

frecuencia, lo hace.


Llevar a Maria a la propia vida


San Juan escribió su Evangelio hacia el año 100. Al referirse a la Virgen Maria,

propiamente, nos conservó lo que las primeras comunidades sentian acerca de la

Madre del Señor. Juan nos expone tres cosas acerca de lo que pensaban y sentian

con respecto a la Virgen Maria las comunidades cristianas al terminar el primer siglo.

Primero, la tenian como la Madre que Jesus habia dejado para la Iglesia, cuando le

dijo a Juan: «Hijo, he ahí a tu Madre». Juan -el unico apostol que se habia atrevido a

estar junto a la cruz- la recibió en nombre de la Iglesia y se la llevo a su casa. Fue el

«primer devoto de la Virgen Maria». Al vivir bajo el mismo techo, pudo comprobar

que ella era el retrato perfecto del discipulo, que Jesus les habia dejado: La que mas

habia escuchado la Palabra de Dios, y la que mejor la habia puesto en practica.

En el libro de Hechos se aprecia el lugar que la Iglesia primitiva le comenzó a dar

a la Virgen Maria, cuando Jesus ya no estaba fisicamente presente. Al iniciar el libro

de Hechos aparece la Iglesia de Jesus en un retiro espiritual. En primer lugar, se

menciona a Pedro, luego se dan los nombres de los apostoles, a continuacion, se

habla de unos ciento veinte discipulos. Maria esta en medio de esa Iglesia,

 ocupando el lugar de Madre, que Jesus le habia encomendado: «Mujer, he ahi a tu

hijo». Aqui se exhibe la «fotografia» de la Iglesia que fundó Jesus: una Iglesia que

medita en lo que Jesus le predicó. Una Iglesia que ora («perseveraban unanimes en

la oracion» Hch 1,14). Una Iglesia «unanime» -comunidad de amor, una Iglesia con

su Jerarquia, su Magisterio. Una Iglesia con una Madre que acompaña al Jesus

mistico -la Iglesia- como acompaño al Jesus histórico. Esta es la fotografia que Ia

Biblia muestra de la Iglesia de Jesus.


Como san Juan, todos los grandes santos de nuestra Iglesia tambien se llevaron

a la Virgen Maria a su vida. Todos la recibieron como Madre, y dieron testimonio

de lo que ella habia sido en sus vidas para acercarlos a Jesus. Todo cristiano, como

Juan, tambien se lleva a su vida, a su casa. Todos los santuarios dedicados a Maria

son un vivo testimonio de la experiencia de un encuentro de fe con la Madre del

Señor de millones de cristianos que, como Juan, han tenido la bendición de vivir

bajo el mismo techo de Maria.

En segundo lugar, Juan en su evangelio, nos muestra a la Virgen Maria, como

una madre que tiene un poder grandisimo de intercesión ante Jesus. Juan

recuerda lo que vió en Caná de Galilea. Comprobó el poder de intercesión de

Maria ante Jesus. Debido al ruego de Maria, Jesus convirtio el agua en vino para

sacar de apuros a una familia que estaba por pasar una verguenza muy grande (Jn

2,1-11).


El mensaje de Juan es muy claro para la Iglesia: No dejen de llevarse a Maria a su

casa. Ella es una Madre Auxiliadora, que nos acompaña en nuestros momentos

criticos de la vida. Donde esta ella, Jesus va a cambiar el agua de los sufrimientos en

vino sabroso de bendición. Cuando en nuestro hablar popular decimos: “La Virgen

me hizo un milagro”, entendemos que Ella fue la que, como en Cana, le rogó a Jesus

para que convirtiera el agua de mis problemas en el vino de mi gozo espiritual. El

milagro de Cana no es ninguna novedad para nosotros: lo hemos visto repetido

muchas veces en nuestra vida.


Lo tercero que Juan nos enseña es: Maria es una Madre exigente para la Iglesia.

Juan recuerda que antes de que se obrara el milagro de Cana de Galilea, la Virgen

Maria les dijo a los sirvientes: «Hagan lo que el les diga» (Jn 2, 5). Maria esta para

recordarles a sus hijos -la Iglesia- que no podemos solucionar nuestros problemas, si

no «hacemos lo que dice Jesus» en el Evangelio. Maria es la madre que nos

recuerda que Ella esta para señalarnos a Jesus, que es el unico que nos puede

salvar, como la salvo a Ella.


Esta es Ia autentica devoción a la Virgen Maria, que san Juan nos

expone en su Evangelio y que nos recuerda lo que pensaban de la

Madre del Señor las primeras comunidades, al concluir el primer siglo

del cristianismo. La devoción a la Virgen Maria no es, esencialmente,

indispensable para salvarse. En la Iglesia católica a nadie se le obliga a

ser devoto de la Virgen Maria. Es un regalo de Dios: el que lo descubre,

ya no puede dejarlo. Todo cristiano, que, como Juan ha tenido

experiencia de maternidad espiritual de la Virgen Maria, ya no puede

desprenderse de ella. Se vuelve un devoto ferviente de la Madre del

Señor.


 Tuve la bendicion de participar, hace varios años, en Roma, en la reunión

de siete mil sacerdotes de la Renovación Carismatica Catolica del mundo.

Estabamos por iniciar la Eucaristia, cuando alguien anunció que en ese

momento se iba a llevar en procesión un icono de la Virgen Maria. Todos los

sacerdotes sacaron inmediatamente su pañuelo blanco para saludar a la

Madre del Señor. Algunos Iloraban manifestando de esa manera lo que la

Virgen Maria habia sido en sus vidas. Todos esos sacerdotes, como el

sacerdote san Juan, agradecimos el don de Jesus al dejarnos a la Madre

Santisima. Este es el sentir de la Iglesia que fundó Jesús. Le damos a la

Madre del Señor el lugar que le dio la Iglesia de Pentecostes, en donde

Apostoles y discipulos «perseveraban unanimes en la oración en compania

de la Madre de Jesús. (Hch 1, 14). La Iglesia que fundó Jesus es la Iglesia que

debe perseverar unanime en compañia de su madre espiritual, la Virgen

Maria.


LA MISA EN COMPANIA DE LA VIRGEN MARIA

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 10 Ee mayo Ee 2021 a las 20:20 Comments comentarios (0)

RENOVACION CARISMATICA CATOLICA - DRVC


MES MARIANO 2021


2. LA MISA EN COMPAÑIA DE LA VIRGEN MARÍA


En la Ultima Cena, Jesus ordeno de sacerdotes a los apostoles. Esa noche,

Maria no estaba alli presente; ella no recibio la orden: "Hagan esto en memoria

mia” (1Co11,24). En la Misa cruenta del Calvario, Maria no estaba junto a Jesus

como una sacerdotisa, sino como un "acolito", como una laica. Ella habia sido

escogida para ser la principal colaboradora de Jesus en la obra de la redencion.

Alli estaba, junto a la cruz, como acolito incondicional del Sumo y Etemo

Sacerdote, que oficiaba sobre la cruz, la Misa por la salvacion del mundo.

A la Misa la llamamos la "renovacion del sacrificio de la cruz". La Virgen Maria, que

siguio paso a paso, esa larga y terrible Misa en el Calvario, es la persona mas indicada

para acompañarnos durante la Eucaristia; ella nos puede ensenar como estar en ese

Calvario mistico -la misa-, participando del sacerdocio de Jesús.


En el Libro de los Hechos se describe a las primeras comunidades que se

reunian en las casas particulares para "partir el pan", es decir, para celebrar la

Eucaristia (cf. Hch 2, 42). Es inconcebible pensar que a esas Eucaristias faltara la

"cristiana modelo", la Virgen Maria. Su presencia ciertamente, confortaria a

todos; verian en ella el modelo mas perfecto del discipulo de Jesus. Asi como en

Pentecostes, los habia animado a abrirse al Espiritu Santo, ahora, en la Misa,

como Madre, les ayudaba a abrirse a los demas para formar el Cuerpo Mistico de

Cristo, la Iglesia.


Cuando los del pueblo judio se encaminaban hacia el templo de Jerusalen,

desde lejanas tierras, iban cantando con ilusion: "iQue alegria cuando me dijeron:

vamos a la Casa del Senor!" (Sal 122). En repetidas oportunidades, la Virgen

Maria tuvo que Ilevar de la mano a Jesus para participar en las ceremonias del

Templo. Durante el camino iria, seguramente, catequizando a su hijo para que

comprendiera las ceremonias, para que aprendiera a imbuirse en el culto de

alabanza a Dios. La Virgen Maria, nuestra madre, de la mano, nos puede

acompañar para que, al encaminarnos hacia el templo, podamos participar de

corazon en el acto de culto mas importante que tiene nuestra Iglesia: La Santa

Misa.


Liturgia penitencial


La serpiente antigua, que engaño a nuestros primeros padres, no ha terminado su

obra destructora. Esa serpiente continúa sugiriendonos "hacer algo" que va contra el

plan de Dios para nuestra felicidad. Los Padres de la Iglesia siempre estuvieron

acordes en ver a la Virgen Maria como la mujer que pone el pie sobre la cabeza de la

serpiente porque lleva a Jesus en su vientre. Esa mujer, de que habla el libro del

Genesis, representa a la Iglesia. Maria es el modelo mas acabado de la Iglesia.

Durante el acto penitencial, en el que identificamos las mordeduras que la serpiente

nos ha causado, la Virgen Maria nos muestra como se le puede poner el pie en la

cabeza a la serpiente. Maria prueba que la mejor manera de aplastar la cabeza de la

serpiente es estar Ilenos de Jesus.

Las personas mas intransigentes, por lo general, llevan oculto en su corazon un

buen record de infidelidades a Dios. Las personas mas puras son mas compasivas.

Entre los que iban a lapidar a la mujer adultera iban muchos adulteros que habian

sabido ocultar sus desviaciones. Fue Jesus, el inocente, el que salvo a la mujer

adultera; se compadecio de ella y le dijo que se fuera en paz.


La Virgen Maria es la Inmaculada. Dios no permitio que el pecado la tocara ni un

solo instante porque su seno estaba destinado a ser Sagrario de Jesus. Ella, la

Santa, es la que tiene compasion de nosotros pecadores; ella se une a nuestra

suplica para pedirle a Jesus que nos perdone. La tradicion la ha llamado "Refugio de

los pecadores": todos los que se han confiado a su oracion intercesora ante Jesus

han dado testimonio de su poderosa plegaria. A ella la invitamos, como Madre, para

que se una a nuestra oracion de pecadores que imploramos la misericordia de Dios.

En el Calvario, la Virgen Maria vio como la Sangre del Cordero sin mancha y sin

defecto salpicaba la cruz del buen ladron, y le llevaba salvacion. Ella, durante la Misa

-renovacion del sacrificio de la cruz-, como Madre, nos toma de la mano y nos

acerca a la cruz de su Hijo para que seamos salpicados con la sangre que no

mancha, sino purifica y santifica.


Liturgia de la palabra


Uno de los retratos mas completos de la Virgen Maria, que dibuja el Evangelio, es

el que apunta: "Maria conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazon"

(Lc 2, 19). En el original griego, en lugar de "cosas", dice palabras". Fue el mismo

Jesus el que indica cual es el distintivo de los autenticos discipulos

"Bienaventurados -dice Jesus- los que escuchan la Palabra y la ponen en practica"

(Lc 11, 28). Nadie mejor que la Virgen Maria escucho más Palabra de Dios y la

puso en práctica. Los apostoles durante tres años estuvieron escuchando a Jesus.

Maria durante treinta y tres años estuvo pendiente de la Palabra de su Hijo.

Escucho sus primeros balbuceos y estuvo junto a la cruz cuando pronuncio sus

últimas palabras antes de morir. Nadie escucho más Palabras de Dios que la

Virgen Maria. Nadie mejor la puso en práctica como ella. "Hagase en mi segun tu

Palabra", fue el lema de su vida.


Durante la Liturgia de la Palabra, en la Misa, Maria esta junto a nosotros como

en las comunidades primitivas. Ella nos indica como "acaparar" la Palabra de Dios

en nuestros corazones; como irla rumiando y como ponerla en practica.

Mientras escuchamos las lecturas biblicas, que se proclaman en la asamblea,

nos imaginamos a la Virgen Maria, que, como a los sirvientes de Cana, nos repite:

"Hagan lo que el les diga" (Jn 2, 5). Cuando, en la anunciacion, Maria, dijo:

"Hagase", el Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros. Cuando dejamos

que la Palabra entre en nuestra alma, Jesus se encarna en nuestra vida y, como

Pablo, podemos decir: "Ya no vivo yo, sino es Cristo el que vive en mi" (Ga 2, 20). Al

aceptar la Palabra, como Maria, quedamos embarazados de Dios. El Verbo se hace

carne en nosotros; pone su morada en cada uno por medio del Espiritu Santo.

Al escuchar, en la Biblia, lo que Dios ha hecho por nosotros, vamos repasando

nuestra "historia personal de salvacion". Como la Virgen Maria, tambien nosotros

nos sentimos impulsados a decir: "Proclama mi alma la grandeza del Señor; se

alegra mi espiritu en Dios mi Salvador" (Lc 1, 46-47). Tambien nosotros

reconocemos nuestras "debilidades", pero, al mismo tiempo, constatamos que

Dios "ha hecho maravillas" en cada uno de nosotros.


Nuestro Ofertorio


Jose y Maria llevaron de la mano a Jesus al templo. Como eran muy pobres, no

pudieron ofrecer un cordero, aunque Ilevaban al Cordero de Dios. Ofrecieron

unas palomas. Fue el ofertorio de la Sagrada Familia. Maria, anticipadamente,

habia efectuado su ofertorio cuando dijo: "Soy la esclava del Senor; que se haga

en mi segun tu Palabra". El ofertorio de la Virgen Maria consistio en ofrendarse

ella misma como "esclava" para que Dios dispusiera de ella a toda hora y en toda

circunstancia.


Mientras Maria estaba junto a la cruz, inundada de lagrimas y con una espada

muy dentro de su corazon, renovó su ofertorio: "Hagase". Se le habia invitado

para ser la madre del "Varon de Dolores" -el Mesias-; alli estaba para renovar su

SI de toda la vida.


El ofertorio de la Misa, no debe reducirse a unas ofrendas simbolicas, nada

mas. El autentico ofertorio es nuestro "si" incondicional a Dios, que renovamos en

cada Misa. Maria nos anima a no tener miedo de decirle a Dios: "Hagase". San

Pablo, en su Carta a los Romanos, nos indica cual es el ofertorio agradable a Dios;

dice Pablo: "Les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes

mismos como OFRENDA viva, consagrada y agradable a Dios. Este es el verdadero

culto que deben ofrecer" (Rm 12, 1). Ofrecernos nosotros mismos, dice Pablo, es

el verdadero ofertorio. Ese fue el ofertorio de Maria en la anunciacion, cuando su

seno comenzo a ser altar de la Divinidad. Ese ofertorio lo renovó, de manera

sublime, cuando participó de la Misa que su Hijo estaba ofreciendo en el Calvario.

La Virgen Maria nos señala que nuestro ofertorio no debe quedarse en ofrendas

simbolicas de tipo material, que Dios nos quiere a nosotros mismos. La Virgen

Maria, a nuestro lado, nos sugiere que renunciemos a nuestras defensas

personales y que nos entreguemos totalmente a Dios; que le digamos de corazon:

"Hagase en mi segun tu Palabra".


Plegaria Eucaristica


En la Consagracion, por nuestra fe, creemos firmemente que Jesus esta sobre el

altar bajo la forma de Sacramento. En la anunciacion, cuando Maria acepto la

propuesta de Dios, su seno virginal se convirtio en un altar en el que el Verbo se hizo

carne. En la misa, cuando el sacerdote repite las palabras de Jesus en la Ultima

Cena, el pan se convierte en el Cuerpo de Jesus, y el vino en su Sangre. Cuando la

Virgen Maria dijo: "Hogase en mi segun su Palabra", el Verbo se hizo carne y vino a

habitar en su seno, que fue el primer altar del mundo para el Cuerpo de Jesus.

En el momento de la Consagracion el altar es el nuevo Belen. Alli nace

misticamente Jesus. En Belen, Maria les mostraba a todos a Jesus: a los pastores,

a los Magos. A todos los visitantes les iba ayudando a descubrir en aquel niñito

sonriente al Salvador del mundo.


En la Misa, Maria vuelve, otra vez, a mostramos a su Hijo; nos ayuda a

descubrirlo como nuestro Salvador. Ella fue la primera en adorar a Jesus cuando

escucho su primer llanto. Ella nos enseña a adorar a Jesus que nace misticamente

en el momento de la Consagracion. El Cuerpo de Cristo esta sobre el altar. Pero no

puede haber comunion sin una comunidad de fe y de amor. Esa comunidad no se

forma sola; se necesita el esfuerzo de todos los integrantes de la asamblea. Como

en el Cenaculo, la Virgen Maria, como madre, esta en la asamblea para aunar a sus

hijos alrededor del altar, para animarlos a dejar de lado el egoismo, el rencor y a

formar el Cuerpo Mistico de Jesus, la Iglesia.


Rito de la Comunión


El Padrenuestro es un puente por el que hay que pasar antes de recibir la Santa

Comunion. En el Padrenuestro, ante todo, se nos convida a encontrarnos con un

Dios Padre para santificar su nombre y hacer siempre su voluntad. Fue el mismo

Padre quien, por medio de un ángel llama a Maria "llena de Gracia". Maria le

correspondio entregandose totalmente en sus manos para que dispusiera de ella en

su plan de salvacion para la humanidad; le dijo: "Soy tu esclava; hagase en mi segun

tu Palabra". En el Padrenuestro se nos orienta a pedir "nuestro pan" de cada dia con

un sentido comunitario; decimos: "nuestro pan". Pensamos no solo en nosotros, sino

en toda la comunidad. Se nos enseña a salir de nosotros mismos para pensar en la

necesidad del otro. Maria sale de si misma, de su preocupacion de mujer

embarazada, piensa en su anciana prima Isabel; hace un largo y penoso viaje para

irla a atender. La Virgen Maria se acopla a nuestra oracion cuando pensamos en el

pan de los que no tienen pan, de los que no disponen de lo indispensable para una

vida decorosa. No podemos dejar de recordar a Maria multiplicandose en la fiesta de

Cana para que todos estuvieran a gusto; acudiendo a Jesus para que no faltara el

vino en aquella familia. Ella nos alienta a pensar en la alegria de los otros; a cooperar

con lo que podamos para que no falte la alegria en la casa del vecino.


Una peticion muy comprometedora del Padrenuestro es la que

dice:"Perdonanos como nosotros perdonamos". Siempre en nuestra lista

aparece alguien a quien debemos perdonar. La Virgen Maria tuvo que

perdonar a muchas personas que cooperaron para que su "Espada" se

hundiera más en su corazon. Herodes, que le amargo su reciente maternidad,

los parientes mas cercanos que no comprendian a Jesus y lo tenian como un

loco. Los fariseos, los dirigentes de la Sinagoga, los soldados con sus burlas y

desprecios, los dos ladrones, el centurion de la lanzada. El gentio que gritaba:

"iQue su sangre caiga sobre nosotros!" Mientras acompañaba a Jesus en su

Misa dolorosa, junto a la cruz, por la mente de Maria iban desfilando muchos

nombres. Al unisono con Jesus, iba repitiendo: "iPerdonalos porque no saben

lo que hacen!" Ella, mas herida que nosotros, está a nuestro lado para que se

abra nuestro corazon para decir: "Perdonalos". Un Padrenuestro a la par de la

Virgen Maria es una experiencia muy enriquecedora.


La comunión consiste en la identificación mas intima posible con el Cuerpo de

Jesus. Todo el rito eucaristico nos va orientando hacia ese encuentro profundo

con el Señor. La Virgen Maria es especialista en la comunión con el Cuerpo de

Jesus. Nueve meses mantuvo la comunion más intima que se pueda imaginar

con el Cuerpo de Cristo. Las madres les platican a sus hijos cuando estan en el

seno materno. La comunion de la Virgen Maria se inicia desde el momento en

que el Verbo se hace carne en sus entrañas. Esa comunion se fue

perfeccionando con los años. Se acostumbro a guardar todas las palabras de

Jesus en su corazon y a meditarlas.


Cuando las madres llevan a sus hijos junto al altar para la primera

comunión, les sugieren algunos pensamientos piadosos para que su

encuentro con Jesus sea de mucha bendicion. Invocamos a la Virgen Maria

para que nos acompañe en nuestro encuentro con Jesus. Ella tiene muchas

sugerencias que proporcionarnos. Ella sabe que significa ser tocada por el

cuerpo de Jesus. Le rogamos que rece por nosotros para que, de veras, nos

dejemos tocar por Jesus, en la comunión; para que nuestra comunion no

quede reducida a un rito, sino sea un encuentro de gozo, una verdadera

comunion con el Senor.


El centurión romano, al acercarse a Jesus, le decia: "No soy digno de que

entres en mi casa" (Mt 8, 8). Maria, al meditar en las maravillas que Dios

habia obrado en ella, exclamó: "Miró la humildad de su esclava" (Lc 1, 48).

Como Maria, nos acercamos a Jesus, sin alegar meritos de nuestra parte;

simplemente le aseguramos que creemos en su bondad y en su

misericordia.


Pueden ir en Paz


El que lleva a Jesus, Ileva la paz de Jesus a todas partes. Es un cristoforo;

alguien que lleva al mismo Cristo. En el Sinai, Moises estuvo en comunion

con la divinidad. Cuando bajo del monte iba revestido de luz. Todos

bajaban su mirada; no podian resistir esos rayos de luz. Maria, despues

de haber acolitado la Misa de Jesus, bajó del Calvario, como la recien

nombrada Madre de las Misericordias. Venia con su túnica manchada con

las salpicaduras de la sangre de Jesus; como mensajera del perdón y del

amor de su Hijo para todos los hombres. Despues de haber vivido 33

años junto a Jesus, bajaba del Calvario como Biblia ambulante para

compartir con la Iglesia lo que "habia visto y oido". Regresaba como una

carta abierta, que Jesus dejaba escrita para la humanidad. La Virgen

Maria nos enseña a salir de la Misa como portadores del perdon de Dios,

de su amor, de su Evangelio; para ser, en todas partes, sal de la tierra y

luz del mundo.


¿NO LE GUSTA EL ROSARIO?

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 2 Ee mayo Ee 2021 a las 22:55 Comments comentarios (0)

RENOVACION CARISMATICA CATOLICA - DRVC


MES MARIANO 2021


1.¿NO LE GUSTA EL ROSARIO?


Existen muchos juicios contradictorios con respecto al Rosario, una de las prácticas de piedad mas antiguas de nuestra Iglesia. Algunos afirman que es una oración monotona, que no les llama la atencion para nada. Otros llegan a señalarla coma una oracion pagana. Un grupo muy numeroso afirma que les ha servido, en gran manera, en su vida de oración.


El Cardenal Carlos Maria Martini hace notar que, a veces, se ha querido presentar el Rosario coma una oracion "facilisima" y, que, en cambio, no es una oracion facil para todos. Seguramente son los grandes devotos del Rosario los que tienen la Ultima palabra con respecto a esta devocion tan querida por la Iglesia. Son ellos los que pueden emitir un juicio de peso, ya que han encontrado la puerta de entrada hacia esta práctica piadosa que les ha aportado multiples beneficios espirituales.


Un poco de historia


Segun el historiador Mario Stella, el rosario, en su estructura actual, cuenta unos 500 años. En el siglo XII se acostumbraba rezar el SALTERIO: los 150 salmos biblicos. Muchos monjes no sabian leer, y optaron por recitar 150 Avemarias, que distribuian en tres partes a lo largo del dia. Fue el monje cisterciense, Domingo Helion de Prusia, quien deja establecida la práctica del Rosario con su estructura de 150 avemarias, con 15 misterios de la vida de Jesus, y un Padrenuestro al iniciar cada misterio. El Papa Juan Pablo II añadio los cinco "Misterios Luminosos".


Fue Santo Domingo de Guzmán uno de los precursores de esta práctica piadosa que tantos devotos han encontrado a traves de los siglos.


Oración Biblica


Uno de los rasgos caracteristicos del Rosario es su sentido eminentemente Biblico. Bien decia el Papa Pio XII que el Rosario es "una sintesis del Evangelio". El Cardenal Newman, que de el Protestantismo se convirtió al Catolicismo, hacia notar que el Rosario es el "credo hecho oración". El Rosario esta estructurado por oraciones biblicas: El Padrenuestro es la oración más bella del mundo. La enseñó el mismo Jesus. En el Padrenuestro el Señor señalo las pautas que debe seguir toda oracion autentica.


El Avemaria consta de varias partes: la primera proviene directamente de Dios: "Dios te salve, llena de Gracia. El Señor esta contigo" (Lc 1, 28). Estas fueron las palabras que Dios Padre le envio a decir a Maria por medio de un angel.


"Bendita tu entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre" (Lc 1, 42), fueron las palabras que Santa Isabel, inspirada por el Espiritu Santo, le dirigió a la Virgen Maria.


La tercera parte del Avemaria fue compuesta por la tradicion de la Iglesia. En el Siglo IV, en Efeso, se proclamó a Maria como Madre de Dios. La Iglesia, entonces, comienza a invocarla diciendole: "Santa Maria, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores; ahora y en la hora de nuestra muerte". Fue Santa Isabel llena de Espiritu Santo, la que llama a Maria: "Madre de mi Señor" es decir Madre de Dios.


El Rosario consta de 20 misterios en que se enuncian los principales pasajes de la vida de Jesús. Es por eso que el Rosario es una oracion con un sentido eminentemente biblico.


Una oración de contemplación


Algunos no católicos no han dudado en señalar el Rosario como una oracion de estilo pagano. Citan las palabras de Jesus: "Tu, cuando reces, entra en tu cuarto cierra la puerta y reza a tu Padre que comparte tus secretos, y tu Padre, que ve los secretos, te premiara. Al orar, no multipliques las palabras, como hacen los paganos que piensan que por mucho hablar seran atendidos" (Mt 6, 6-7).


Es curioso constatar como los mismos que desprestigian el Rosario como una formula tediosa, aconsejan rezar el salmo 23, en situaciones de desolacion. O los salmos 91 y 46, en momentos de crisis emocionales. Tambien estos salmos son "formulas". No deja de Ilamar la atencion que Martin Lutero, el fundador del Protestantismo, rezaba todos los dias el Magnificat, que es una formula tambien de oración.


El prestigiado escritor Carlo Carretto opina que los que desprestigian el Rosario, no han caido en la cuenta, de la oracion de tipo contemplativo que han encontrado los que se han identificado con el rezo del Rosario. Tal vez sea este uno de los aspectos mas relevantes del Rosario; es una oracion que favorece la contemplación.


El que tiene el don de lenguas, facilmente puede comprender esta oración contemplativa. El don de lenguas es una oracion de tipo contemplativo. Se emiten sonidos, cuyo significado no interesa. Lo importante es saber que se está en la presencia de Dios. El niño balbucea sonidos ininteligibles; lo que le interesa es Ilamar la atencion de sus padres; que se den cuenta de que él esta frente a ellos. El que ora en lenguas, como el niño, emite sonidos. Lo unico que pretende es permanecer en la oracion ante el Señor. San Francisco de Asis se iba al campo y pasaba horas remedando el murmullo de la paloma: "Uh... uh... uh". Tambien se quedaba unicamente repitiendo: "Mi Dios y mi todo". Carlo Carretto, con acierto,afirma que los que gozan con el Rosario, seguramente, son contemplativos o van en camino hacia la oracion contemplativa.


Este es un dato de suma importancia para el que es alergico al Rosario. No se trata de "torturarse" mentalmente, repitiendo con logica cada Avemaria, y amarrandose a una estructura: "Ya llevo cinco Avemarias; me faltan dos...,Que misterio viene ahora...?" Lo que importa es la union con Dios: La contemplacion.


El cardenal Carlo Maria Martini cuenta su experiencia. Creyó que el Rosario era una oracion facil. Siempre habia escuchado que asi lo presentaban. A la hora de rezarlo, su mente se convertia en caja de resonancia de todas las preocupaciones del dia. Tuvo que optar por fabricarse su "propio" Rosario. Segun Carlo Maria Martini, muy bien podria consistir el Rosario en repetir algunas frases del Padrenuestro o del Avemaria: "Santificado sea tu nombre..."; "Venga Tu reino..."; "Perdonanos..."; "No nos dejes caer en la tentacion..."; "Dios te salve Maria...", "Ruega por nosotros pecadores". Habria que acentuar que el rosario no es una "estructura", sino un carril, no para hacer más dificil la oracion, sino para aceitarla.


Permanecer en la oracion


El escritor de espiritualidad, P. Molinie, anota: "El Rosario debe ser para nosotros, en occidente, el equivalente de La Oracion de Jesus, en oriente". Los orientales estilan repetir, centenares de veces, la frase "Jesus, Hijo de Dios, ten piedad de mi". Lo hacen al compas de la respiración. Son muchos los occidentales que han dado fe de que este estilo de oracion de los orientales los ha conducido a la oracion contemplativa.


Jesus, invito a sus amigos intimos, los apostoles, para que lo acompañaran en la oracion. No pudieron hacerlo, "No han podido velar conmigo en oración durante una hora" (Mc 14, 37), fue la amarga queja del Señor.


Permanecer en la oracion nos resulta, a veces, cuesta arriba. Solo han pasado unos minutos y se nos agotaron ya las palabras. Estamos secos. Esto nos sucede tambien en momentos de aturdimiento: ante una tragedia, ante una situacion conflictiva. Se nos tupe la mente; ya no sabemos ni que decir, ni que pensar. La estructura del Rosario, en estas circunstancias, no nos aprisiona, sino que nos libera y nos ayuda a permanecer en oración. No importan los conceptos, en esos momentos; lo que interesa es mantenerse en comunicacion con Dios por medio de sonidos y frases biblicas, que el Rosario nos va inspirando.


Junto a Maria


El Rosario -hay que recalcarlo- no es "marianocentrico". No es Maria la que está en el centro de nuestra oracion. El Rosario solo puede ser "cristocentrico". Solo Cristo puede estar en el centro de nuestra oracion.


Basta recordar lo que sucede en Cana de Galilea. Cuando se lee este pasaje en el Evangelio de San Juan, al principio, parece que Maria es la protagonista. Al finalizar el1 pasaje, nos damos cuenta de que Maria solamente es la conductora: la que lleva a todos hacia Jesus, y les dice: "Hagan lo que El les diga" (Jn 2, 5). Maria esta para tomarnos de la mano y conducirnos a su Hijo.


Lo mismo sucede con la oracion del Avemaria. No es "marianocentrica". Comenzamos diciendo. "Dios te salve, Maria, llena eres de Gracia...", todo, para llegar a: "Bendito el fruto de tu vientre". Este es el verdadero centro del Avemaria: el fruto de tu vientre, Jesus.


Santa Isabel, inspirada por el Espiritu Santo, captó, plenamente, el "cristocentrismo" al que lleva la relacion con Maria. Isabel se alegro de que su prima Maria llegara a visitarla; pero hizo resaltar que su gozo era inmenso porque su prima era "La Madre del Señor". Alli estaba la gran bendicion: Maria era el Arca que llevaba en su seno al Señor, a Dios.


Si alguien tiene una consulta que hacer sobre un tema especifico, acude a un especialista en la materia. A la Virgen Maria, en el Rosario, se la invita para que nos acompañe en nuestra meditación acerca de los principales acontecimientos de la vida de Jesus. Maria es una especialista en esta materia. San Lucas la describe, en su evangelio, como la madre que "meditaba cuidadosamente en estas cosas, y las guardaba en su corazon" (Lc 2,19). Maria acaparó en su alma todos los acontecimientos de la vida de Jesus. Los apostoles asistieron a la escuela de Jesus durante tres años. Maria bebió las palabras de Jesus durante treinta y tres años. Ella es la mejor compañera en nuestra meditación acerca de la vida de Jesus, que hacemos desfilar a traves de los misterios del Rosario.


San Lucas apunta en su Evangelio que se informó detalladamente acerca de los sucesos de la vida de Jesus. Los especialistas de la Biblia piensan que la fuente de informacion para Lucas, acerca de la infancia de Jesus fué la misma Virgen Maria. Nadie mejor que ella para comunicarle al evangelista esos detalles tan intimos de la familia de Nazaret. Nadie mejor que la Virgen Maria para estar a nuestro lado -durante el Rosario- para conducirnos, de la mano, a traves de esas etapas de misterio, de fe, que ella vivio junto a su enigmatico Hijo, Jesus.


Para los tiempos dificiles


No puede pasarse por alto el hecho de que el Rosario ha sido rezado, de manera especial, en los tiempos dificiles de la Iglesia. Santo Domingo de Guzman lo emplea como un medio poderoso para orar por la conversión de los apartados de la ortodoxia. La fiesta del Rosario está vinculada a un momento crítico en la cristiandad europea. En el ano 1571, los musulmanes avanzaban, arrasadoramente, sobre Europa. Por donde pasaban intentaban terminar con el cristianismo. Para ellos valia la "guerra santa". El Papa Pio V -hoy San Pio V- se ve forzado a pedir a los monarcas cristianos que formen un frente belico contra los musulmanes. Mientras se libraba la batalla, el Papa acompañado de muchos fieles, iba por las calles de Roma, rezando el Rosario. La victoria definitiva llegó el dia 7 de octubre en Lepanto. El Papa decretó que la fiesta del Rosario se celebrara el 7 de octubre. Esa costumbre todavia está vigente en nuestra Iglesia.


Habria tambien que relacionar el Rosario con las famosas apariciones de la Virgen Maria, que, en tiempos dificiles de la Iglesia, llega para proponer a sus hijos la conversión y el rezo el Rosario como medio para evitar grandes males a la humanidad.


En 1858, la jovencita Bernardita Soubirou se encuentra rezando el Rosario a la orilla de un rio. Se le aparece la virgen Maria. Lleva el Rosario colgando del brazo derecho. Esta es la primera de varias apariciones. Dios dió una señal para respaldar la aparicion de su Madre. Hizo brotar una fuente de agua en un lugar arido. Desde entonces son muchisimas las personas de todo el mundo que se han beneficiado con esas aguas milagrosas. En sus apariciones, la Virgen Maria le indica a Bernardita que el Rosario es un medio para permanecer en la oración por la conversión de los pecadores.


En 1917, la Virgen Maria se aparece a tres pastorcitos, que estan rezando el Rosario en Cova de Iria (Portugal). La Virgen trae un Rosario entre las manos. Tambien aqui la Virgen Maria dá una señal portentosa, 70 mil espectadores ven que durante un cuarto de hora el sol comienza a danzar vertiginosamente en el cielo. Muchos creen que ha llegado el fin del mundo. Pronto se calman, pues se comienzan a ver curaciones prodigiosas y gente que grita y llora de gozo. Reporteros de todo el mundo cubrieron este evento extraordinario. Tambien en Fatima la Virgen Maria indica que el Rosario es un medio para orar por la conversión de los pecadores.


Nuestros momentos dificiles, a nivel personal, son abundantes. Nuestra mente como que queda paralizada. Estamos asustados, consternados. No sabemos que pensar ni que decir. La oración se nos convierte en una montaña inaccesible. Para estas circunstancias de desolación, el Rosario es una oración muy apropiada. Nos ayuda a permanecer en la oracion. La repetición intermitente de determinadas frases nos fortalece para estar unidos con Jesus en el Getsemani, en la Cruz. Maria esta a nuestro lado: ella pasó por las mismas circunstancias. Tiene mucho que decirnos al oido. Nuestros enemigos -el sufrimiento, el tiempo de tentacion- buscan destruimos. Jesus y Maria nos acompañan para que tambien nosotros tengamos un Lepanto victorioso.

Son innumerables las personas que dan testimonio de que el Rosario les sirvio eficazmente en sus momentos de crisis espiritual o de tragedia.


¿Obligatorio?

No hay que cerrar los ojos ante una situación que ha desconcertado a muchas personas. Los devotos del Rosario se hacen lenguas de esta práctica piadosa; pero en sus elogios, a veces, se pasan de la medida. Llegan a presentar el Rosario como algo "indispensable" para ser catolico. El conocido autor espiritual, Jean Lafrance, apunta: "No es raro oir a hombres y mujeres, sacerdotes y religiosos, que son, por otra parte, verdaderos orantes, confesar que son incapaces de recitar el Rosario". El autor citado tambien escribe: "Teresa de Lisieux confesaba que habia encontrado siempre mucha dificultad en recitar un Rosario entero. Por eso, los que sufren por el Rosario no estan en muy mala compañia, con tal de que no desacrediten esta forma de oracion y permanezcan abiertos a la Virgen. Los

caminos que llevan a Maria son variados y, tal vez, algun dia, les sera dado saborear el Rosario". Tambien es el caso de citar unas palabras muy iluminadoras de Pablo VI en la exhortación sobre "El culto Mariano". "El Rosario -dice- es una oración excelente, respecto de la cual el fiel debe, sin embargo, sentirse SERENAMENTE LIBRE, invitado a recitarlo con toda paz, por su belleza, intrinseca". Pablo VI, claramente, afirma que hay que sentirse SERENAMENTE LIBRES con respecto al rezo del Rosario. Esto es de suma importancia, ya que muchas predicas acerca del Rosario ponen, inquietud en algunos que son muy devotos, muy amantes de la oracion, pero que no pueden afirmar que el Rosario sea para ellos su oracion "preferida".


Tambien habria que recordar lo que decia Pablo VI, con respecto a la manera de rezar el Rosario. "El rezo del Rosario -indica Pablo VI-exige que EL RITO SEA TRANQUILO Y QUE SE TOME SU TIEMPO, para que la persona, que se entrega a el, pueda meditar mejor los misterios de la vida del Señor" ("El culto mariano", No. 47). Ciertos Rosarios, con ritmo acelerado, para terminar en un tiempo estipulado, no invitan a la meditacion, ni a la contemplacion. De aqui que, se podria afirmar, que cada uno "pueda rezar el Rosario", a su manera, para responder no a una "estructura" determinada, sino para dejarse Ilevar por el Espiritu que, dentro de nosotros, ora con gemidos que no se pueden explicar" (Rm 8, 26).

Es muy halagador que sea un cardenal de tanto prestigio a nivel internacional, como Monseñor Carlo Maria Martini, quien sugiere que el Rosario podria recitarse repitiendo varias veces algunas frases, nada mas, del Padrenuestro o del Avemaria: "Hagase tu voluntad... “; "No nos dejes caer en la tentacion"; "Ruega por nosotros pecadores...; "Bendito el fruto de tu vientre" Hay que partir de algo: lo que el rosario pretende no es amarrarnos con una "estructura", sino ayudarnos para "permanecer en oración" en compañia de Jesus y de la Virgen Maria. Ellos nos ayudan a abrimos a las inspiraciones del Espiritu Santo que, en ultima instancia, nos hace exclamar: "Abba, Padre" (Rm 8, 15).


La finalidad del salterio


Segun Jean Lafrance, "asistimos hoy a un renacimiento del Rosario". Son muchos los que gozan con esta oración de tipo contemplativo. El famoso pintor Murillo se quedaba extasiado ante su cuadro del Descendimiento. Cuando el sacristan estaba por cerrar la iglesia, le rogaba: "Dejame rezar una decena mas". El musico Hayden afirmaba que mientras rezaba el rosario se agolpaban las melodias en su mente y que no le daba tiempo para escribirlas.


Los que se han encontrado con el Rosario son los que tienen la última palabra con respecto a la validez de esta práctica de piedad. El que todavia no ha podido descubrir esa fuente de bendición, no tiene por que sentirse como un "marginado" en la Iglesia; pero, con ilusión, debe pedirle al Señor que le conceda ese don que ha ayudado a muchos cristianos a encaminarse por la senda de la oración contemplativa.


A los del pueblo judio la oración del SALTERIO los Ilevaba a recordar lo que Dios habia hecho en su favor durante su larga travesia por el desierto. El salterio los conducia a renovar la ALIANZA que habian hecho con Dios en el Sinai.


Al Rosario se le ha llamado el SALTERIO DE LA VIRGEN. Esta practica de piedad, con sentido eminentemente biblico y cristocentrico, nos Ileva a meditar en lo que Jesus ha hecho por nosotros. La Virgen Maria nos acompaña mientras meditamos en los misterios de la vida de Jesus. La Virgen Maria nos conduce hacia Jesus; nos deja en sus manos, despues de habernos aconsejado: "Hagan lo que el les diga". Todo Rosario, bien rezado, debe conducimos a la renovacion de nuestra "alianza" con Jesus, a decirle, como la Virgen Maria a Dios Padre: "Hagase en mi segun tu Palabra " (Lc 1, 38).


Todo el que cree en El tiene vida eterna

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Discipulado Carismático


RCC - DRVC


DOMINGO IV DE CUARESMA


14 - 20 de Marzo 2021


“Todo el que cree en Él tiene vida eterna”


El tiempo de Cuaresma, en cuanto tiempo penitencial, es un tiempo de gracia, y como tal, sólo puede comprenderse desde una clave de lectura: la misericordia de Dios. Sin esta clave, toda la praxis penitencial podría convertirse en una serie de ejercicios de una piedad escrupulosa o en la vivencia de una religiosidad voluntarista. Este IV Domingo de Cuaresma nos invita a centrar la mirada en ese Dios que históricamente “tenía compasión de su pueblo” (2 Cro 36, 15b), y por cuya gracia “hemos sido salvados” (cf. Ef 2, 5).


2Cro 36, 14-16.19-23: “Dios perdona las infidelidades y libra al pueblo de sus pecados”


En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los paganos, y mancharon la casa del Señor, que el Señor había consagrado en Jerusalén.

El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que la ira del Señor se encendió sin remedio contra su pueblo.

Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; prendieron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías:

«Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años».

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino:

«Así habla Ciro, rey de Persia:

“El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre ustedes pertenezca a su pueblo, que parta hacia allá, y que su Dios lo acompañe”».


Sal 136, 1-6: “Que no me olvide de ti, Señor”


Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; en los sauces de sus orillas colgábamos nuestras cítaras.

Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar; nuestros opresores, a divertirlos: “Cántennos un cantar de Sión”.

¡Cómo cantar un cántico del Señor en tierra extranjera! Si me olvido de ti, Jerusalén, que se me paralice la mano derecha.

Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén, en la cumbre de mis alegrías.


Ef 2, 4-10: “Dios nos ha dado una vida nueva en Cristo”


Hermanos:

Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo —por pura gracia están ustedes salvados—, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el Cielo con Él.

Así quiso mostrar a los siglos venideros la inmensa riqueza de su gracia, por la bondad que nos manifestó en Cristo Jesús.

Por la gracia, en efecto, han sido salvados mediante la fe. Y no se debe a ustedes, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.

Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que Él nos asignó para que las practicásemos.


Jn 3, 14-21: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”


En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

— «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de Él. El que cree en Él no será condenado; por el contrario, el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.


El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».



NOTA IMPORTANTE


La primera lectura presenta la destrucción del templo en Jerusalén y la deportación del pueblo judío a Babilonia, en el siglo VI antes de Cristo, como consecuencia de la infidelidad del pueblo a Dios y a la Alianza sellada con Él. A pesar de las continuas advertencias de los profetas, Israel no quiso convertirse de su mala conducta y volverse al Señor nuevamente.


Pero no debe entenderse que se trate de un “castigo de Dios”, Dios no quiso el mal para su criatura humana. Dios «creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza; mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen» (Sab 2, 23-24).


Creado por Dios para la vida plena, es el propio ser humano quien al pecar introduce en el mundo la ruptura, el mal, la muerte, el sufrimiento, el temor. La desobediencia a Dios, en vez de elevar al hombre a “ser como Dios”, lo hunde en la miseria y lo despoja de su dignidad de hijo de Dios. El deseo de alcanzar una “vida autónoma gloriosa” en contra de Dios termina siendo un “acto suicida”, un acto de auto destrucción: «el que peca, a sí mismo se hace daño» (Eclo 19, 4). Poreso, en realidad no es Dios quien castiga al pecador con la muerte, sino el pecador y rebelde que al separarse de Dios y rechazar sus orientaciones trae sobre sí mismo la muerte, el daño, la destrucción y la desolación.


A pesar del rechazo de su criatura humana Dios permanece fiel a su amor. Él ama siempre, ama como sólo Él puede amar: Él «es Amor» Jn 4, 8. Por ese amor siempre fiel quiso rescatar y reconciliar nuevamente consigo a quien de Él se había apartado, a quien por su desobediencia se había hundido en el polvo de la muerte. A tanto llega su amor que el Padre envía a su propio Hijo al mundo, para que todo aquel que crea en Él tenga acceso nuevamente a la vida eterna, por la comunión con Dios.

En un diálogo con Nicodemo (Evangelio), el Señor Jesús anuncia que esta reconciliación con Dios la ha de realizar Él por su crucifixión y glorificación.

Nicodemo era un fariseo, magistrado judío, sinceramente interesado en este Maestro, abierto a su mensaje y a sus milagros, pero temeroso de manifestarse así ante los demás fariseos: «Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: “Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con Él”» (Jn 3, 2).

Para anunciar su crucifixión establece una analogía con un antiguo episodio: «como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre». Las serpientes venenosas mordieron a los hijos del pueblo elegido en su marcha por el desierto como consecuencia de su rebeldía: «El pueblo se impacientó por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés» (Núm 21, 4-5). Por intercesión de Moisés y ante el arrepentimiento de los israelitas, Dios ofreció a los mordidos por las serpientes un extraño remedio: «dijo Dios a Moisés: “Hazte una serpiente venenosa [de bronce] y ponla sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y la mire, vivirá”» Núm 21, 8.

Importante es la precisión que hace el inspirado autor del libro de la Sabiduría: «El que a ella se volvía, se salvaba, no por lo que contemplaba, sino por ti, Salvador de todos» (Sab 16, 7). De allí que el mismo autor llame a aquella serpiente de bronce «señal de salvación» (Sab 16, 6).


En aquel diálogo nocturno el Señor Jesús anuncia a Nicodemo que en Él se va a realizar plenamente lo que Dios había querido prefigurar mediante aquelepisodio. El mismo Hijo es quien, cual nuevo Moisés, intercederá ante su Padre por toda la humanidad caída, y al mismo tiempo será Él quien como aquella serpiente de bronce será “elevado” «para que todo el que cree en Él tenga vida eterna». En la Cruz reconciliadora de Jesucristo la salvación que anunciaba aquél signo se hace realidad plena: el Señor Jesús, elevado en la Cruz, es la plena y universal «señal de salvación» para todos los hombres de todos los tiempos. Por Él Dios ofrece la salvación a la humanidad entera, salvación de la muerte que es fruto de la “mordedura” de la antigua serpiente (ver Gén 3,1ss), fruto de la seducción diabólica y de la rebeldía del hombre frente a Dios.


En el pasaje del Evangelio el Señor Jesús se presenta a sí mismo como fuente de vida eterna. La calificación “eterna” indica que la vida que Dios promete al hombre va más allá de la vida temporal, una vida que luego de la muerte física se abre a la eternidad de Dios.

Para acoger el don de la vida eterna es necesaria la mirada de la fe: la alcanzará quien cree en Él. Quedará curado de la mordedura venenosa de la antigua serpiente quien mira a Cristo elevado en la Cruz. No basta, sin embargo, tan sólo posar los ojos sobre Él. Para San Juan “ver” y “creer” son sinónimos. Al Señor Jesús hay que “verle” como Hijo de Dios, como Salvador, como Dios mismo que salva y reconcilia mediante la Cruz: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy» (Jn 8,2). A la “visión” de la serpiente de bronce corresponde ahora otro modo de visión, la mirada profunda de la fe que permite ver más allá de la apariencia y reconocer en el Señor alzado en la Cruz al Mesías e Hijo de Dios.


Esta fe no exime de las obras, sino que implica actuar en consecuencia y coherencia con la fe que se profesa con los labios. La fe auténtica es una fe integral, es fe en la mente y fe en el corazón que se vuelca en la acción.


LAS LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA


«Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre», le dice el Señor Jesús a Nicodemo. El episodio al que hace referencia es aquel en que los israelitas en su marcha por el desierto fueron mordidos por serpientes venenosas a causa de su rebeldía frente a Dios (ver Núm 21, 4-9). El pueblo vio en ello un castigo divino. Una visión antropomorfizadora hace que muchas veces veamos como “castigo divino” lo que en realidad no essino consecuencia del mismo pecado del ser humano. En cambio, Dios no quiere el castigo ni la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva (ver Ez 18, 23), Él «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» (1Tim 2, 3-4).


En aquella ocasión Moisés intercedió a favor de su pueblo y suplicó a Dios que liberase a los israelitas del fruto de su rebeldía. Dios respondió: «Hazte una serpiente [de bronce] y ponla sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y la mire, vivirá».


El Señor Jesús da a entender que aquello no era sino una figura de lo que en Él se habría de realizar plenamente. Como aquella serpiente de bronce, también Él sería elevado en un madero. Quien lo mira es liberado del efecto mortífero del veneno del pecado: no morirá para siempre, sino que tendrá una nueva vida y tendrá la vida eterna.


Pero, ¿de qué mirada se trata? No ciertamente de una mirada superficial y retenida por la incredulidad o las dudas, sino de la mirada profunda y penetrante de la fe, aquella mirada que nos permite reconocer en el Crucificado al Reconciliador y Salvador del mundo, al Hijo de Dios mismo.


Sólo esa mirada de fe nos abre al mismo tiempo a la comprensión del amor inaudito que Dios nos tiene: «tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 15). ¿Es posible comprender o intuir el amor que Dios nos tiene y su magnitud? ¡Cuánto debe amarnos Dios, para habernos llamado a la vida, para invitarnos a participar de su misma comunión de amor divina! ¡Cuánto debe amarnos Dios que a pesar de nuestras rebeldías, rechazos e infidelidades, no nos trata como merecen nuestras culpas (ver Sal 103[102], 10) sino que en cambio nos ha entregado a su propio Hijo para nuestra reconciliación y salvación! En verdad, «por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo y con Él nos resucitó» (Ef 2, 4-6).


Dios nos invita hoy a mirar con fe a Aquel que por nosotros ha sido clavado y elevado en el Altar de la Reconciliación. Al mirar al Señor crucificado con la mirada penetrante de la fe, encontramos en Él el perdón de los pecados, la reconciliación, la curación de nuestras heridas más profundas, la liberación del odio, el aliento para ponernos de pie si caemos, la fuerza interior para seguir


avanzando en medio de las dificultades cotidianas así como para perseverar firmes en medio de las pruebas más duras. Al mirarlo con fe se nutre nuestra esperanza de participar con Él algún día en su misma victoria, de alcanzar la vida eterna por la participación en su misma resurrección. Al mirarlo con fe nos experimentamos inundados de su amor, despertando en nosotros el deseo y propósito de amar como Él a Dios, a Santa María su Madre y a todos los seres humanos.


Dirijamos esa mirada de fe cada día al Señor elevado y glorificado en la Cruz, glorificado y elevado a la derecha del Padre por su gloriosa resurrección, y que nuestra mirada jamás se aparte de Él. Y que esa mirada nos lleve a la obediencia de la fe, a siempre y en todo a hacer lo que Él nos diga (ver Jn 2, 5).


LAS PADRES DE LA IGLESIA


«Muchos morían en el desierto por las mordeduras de las serpientes. Y por ello Moisés, por orden de Dios, levantó en alto una serpiente de bronce en el desierto; cuantos miraban a ésta, quedaban curados en el acto. La serpiente levantada representa la muerte de Cristo, de la misma manera que el efecto se significa por la causa eficiente. La muerte había venido por medio de la serpiente, la que indujo al hombre al pecado por el cual había de morir; mas el Señor, aun cuando en su carne no había recibido el pecado, que era como el veneno de la serpiente, había recibido la muerte, para que hubiese pena sin culpa en la semejanza de la carne del pecado, por lo cual en esta misma carne se paga la pena y la culpa». San Agustín


«No os admiréis de que yo deba ser levantado para que vosotros os salvéis, porque así agradó esto al Padre que tanto os amó, y que por estos siervos ingratos e indiferentes dio a su mismo Hijo. Y al decir: “De tal manera amó Dios al mundo”, indicó la inmensidad de su amor, habiendo necesidad de reconocer aquí una distancia infinita. Él que es inmortal, Él que no tiene principio, Él que es la grandeza infinita, amó a los que están en el mundo, que son de tierra y ceniza, y están llenos de infinitos pecados. Lo que pone a continuación demuestra la cualidad de su amor; porque no dio un siervo, ni un ángel, ni un arcángel, sino su propio Hijo. Por esto añade: “Unigénito”». San Juan Crisóstomo


«Mas si la fe del amor había de medirse por entregar una creatura en bien de otra creatura, no sería de gran mérito el enviarle una creatura de naturaleza inferior. Las cosas de gran valor son las que dan a conocer la grandeza de amor y las cosas grandes se estiman por las cosas grandes. El Señor, amando al mundo, dio a su Unigénito y no a un hijo adoptivo. Era su Hijo propio por generación y verdad. No hay creación, no hay adopción ni falsedad. Aquí hay fe de predilección y de amor en favor de la salvación del mundo, dando a un Hijo que era suyo y que además era Unigénito». San Hilario

EL CATECISMO


Dios es amor, y ama a su criatura humana


214: Dios, “El que es”, se reveló a Israel como el que es “rico en amor y fidelidad” (Ex 34,6). Estos dos términos expresan de forma condensada las riquezas del Nombre divino. En todas sus obras, Dios muestra su benevolencia, su bondad, su gracia, su amor; pero también su fiabilidad, su constancia, su fidelidad, su verdad. “Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad” (Sal 138,2). Él es la Verdad, porque “Dios es Luz, en Él no hay tiniebla alguna” (1Jn 1, 5); Él es “Amor”, como lo enseña el apóstol Juan 1Jn 4, 8.


218: A lo largo de su historia, Israel pudo descubrir que Dios sólo tenía una razón para revelársele y escogerlo entre todos los pueblos como pueblo suyo: su amor gratuito. E Israel comprendió, gracias a sus profetas, que también por amor Dios no cesó de salvarlo y de perdonarle su infidelidad y sus pecados.


219: El amor de Dios a Israel es comparado al amor de un padre a su hijo (ver Os 11, 1). Este amor es más fuerte que el amor de una madre a sus hijos (ver Is 49, 14-15). Dios ama a su Pueblo más que un esposo a su amada (ver Is 62, 4-5); este amor vencerá incluso las peores infidelidades (ver Ez 16; Os 11); llegará hasta el don más precioso: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único» (Jn 3, 16).


221: Pero S. Juan irá todavía más lejos al afirmar: «Dios es Amor» (1Jn 4, 8.16); el ser mismo de Dios es Amor. Al enviar en la plenitud de los tiempos a su Hijo único y al Espíritu de Amor, Dios revela su secreto más íntimo. Él mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en Él.


Dios por amor envía a su Hijo para nuestra reconciliación


457: El Verbo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios: «Dios nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1Jn 4, 10).» El Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo» (1Jn 4, 14). «Él se manifestó para quitar los pecados» (1Jn 3, 5): Nuestra naturaleza enferma exigía ser sanada; desgarrada, ser restablecida; muerta, ser resucitada. Habíamos perdido la posesión del bien, era necesario que se nos devolviera. Encerrados en las tinieblas, hacia falta que nos llegara la luz; estando cautivos, esperábamos un salvador; prisioneros, un socorro; esclavos, un libertador. ¿No tenían importancia estos razonamientos? ¿No merecían conmover a Dios hasta el punto de hacerle bajar hasta nuestra naturaleza humana para visitarla, ya que la humanidad se encontraba en un estado tan miserable y tan desgraciado? (S. Gregorio de Nisa)


458: El Verbo se encarnó para que nosotros conociésemos así el amor de Dios: «En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él» (1Jn 4, 9). «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16).


PALABRAS FINALES PARA LA REFLEXION


Un Dios que ama y salva al mundo


Desde la perspectiva joánica, el mundo puede ser pensado desde dos ópticas: primero, como ámbito de la acción del mal; segundo, como espacio de salvación. La primera óptica nos invita a pensar sobre el lugar que el mal y sus formas de expresión (indiferencia, rencor, desesperanza) ocupan en nuestra vida. La segunda, nos invita a pensar sobre el lugar que la gracia y sus formas de expresión (amor, reconciliación, solidaridad) ocupan en nuestra vida. En consecuencia, el “mundo” no se hace solo, se hace con cada decisión personal y comunitaria.


Tanto el mal como la gracia iluminan la inteligencia y el corazón en orden a un compromiso, ya que estas dos realidades a las que el ser humano es permeable, pueden hacer del mundo un lugar de hostilidad o un espacio de misericordia. Objetivamente, ni la creación ni el ser humano son esencialmente malos. Toda realidad creada por Dios es amable, reconciliable y redimible. Para quienverdaderamente ama, toda realidad es una oportunidad. Quien ha sido rescatado con amor, puede ver la realidad y las personas en clave de esperanza.

Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 8 Ee marzo Ee 2021 a las 22:55 Comments comentarios (0)

DISCIPULADO CARISMATICO


RCC - DRVC


DOMINGO III DE CUARESMA


07 - 13 de Marzo 2021


“El celo de tu casa me devora”


Ex 20, 1-17: “La Ley se dio por medio de Moisés”


En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras:

«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud.

No tendrás otros dioses fuera de mí.

No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra.

No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.

No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en vano, porque no dejará el Señor sin castigo a quien pronuncie su nombre en vano.

Fíjate en el sábado para santificarlo. Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.

Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No robarás.

No darás testimonio falso contra tu prójimo.

No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él».


Sal 18, 8-11: “Señor, tú tienes palabras de vida eterna”


La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable; los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Más preciosos que el oro, más que el oro fino;

más dulces que la miel de un panal que destila.


1Cor 1,22-25: “Predicamos a Cristo crucificado”


Hermanos:

Mientras los judíos exigen milagros, los griegos buscan sabiduría; nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los paganos; pero, para los que Dios ha llamado —sean judíos o griegos—, Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

Pues lo que en Dios parece locura es mucho más sabio que toda sabiduría humana; y lo que en Dios parece debilidad es más fuerte que toda fuerza humana.


Jn 2,13-25: “Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré”


Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

— «Quiten esto de aquí; no conviertan en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

— «¿Qué signos nos muestras para obrar así?».

Jesús contestó:

— «Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré».

Los judíos replicaron:

— «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».

Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que había dicho eso, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.


Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no confiaba en ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie acerca de los hombres, porque Él conocía lo que hay dentro de cada hombre.


NOTA IMPORTANTE

San Juan relata en su Evangelio que después de realizar su primer milagro en Caná el Señor se dirige a Jerusalén, porque se acercaba ya la Pascua judía (Evangelio). El Señor cumple fielmente con el precepto que mandaba que todo judío varón a partir de los trece años tenía que acudir anualmente en peregrinación al Templo de Jerusalén por motivo de esta fiesta.

Una vez en Jerusalén el Señor se dirige al Templo. Aquel Templo había sido reconstruido por Herodes el Grande. Los trabajos se habían iniciado el año 18 de su reinado, o sea el 20-19 a.C. Lo primero en ser reconstruido fue el santuario, el lugar de la presencia de Dios, el recinto al que solamente podían entrar los sacerdotes levitas. Luego se procedió a la construcción de los distintos atrios: el atrio de los sacerdotes, el atrio de Israel, el atrio de las mujeres y el atrio de los

gentiles. Todo ello demandó casi diez años, aunque por décadas se prosiguieron las obras de complemento y retoque.

Al trasponer alguna de las puertas de acceso al inmenso complejo se ingresaba al atrio o patio llamado “de los gentiles”, la explanada más amplia que rodeaba un segundo complejo interior cuadrangular formado por el santuario y los sucesivos atrios de los sacerdotes, de Israel y de las mujeres.

En la época del Señor Jesús existían normas dadas por los rabinos para cuidar la santidad del Templo, como por ejemplo la prohibición de usar el atrio de los gentiles como atajo o en forma poco digna. Sin embargo, a pesar de las restricciones existentes, los comerciantes con sus animales y los cambistas se habían instalado en la explanada, con la evidente venia de las autoridades del Templo, probablemente con la excusa de facilitar a los peregrinos la adquisición de los animales necesarios para ofrecer sus sacrificios (ver Lev 5, 7; 15, 14.29; 17, 3) así como para adquirir monedas autorizadas con las que pudiesen pagar el impuesto del Templo. Todo israelita llegado a los veinte años, incluso si vivía en el extranjero, debía pagar anualmente este impuesto equivalente a dos días de jornal (ver Mt 17, 24), y la moneda para el pago no podía tener grabada la efigie del emperador. En fin, no es difícil imaginar en lo que se había convertido esta explanada del templo con la presencia de estos personajes, especialmente en una fiesta de afluencia tan multitudinaria como lo era la Pascua judía.


Al llegar el Señor Jesús al Templo y encontrarse con este “mercado”, se puso a echar del recinto sagrado, látigo en mano, a todos los vendedores, cambistas y animales. La razón de su proceder la daba Él mismo: «no conviertan en una casa de mercancías la casa de mi Padre».


Al referirse al Templo como “la casa de mi Padre” el Señor daba a entender que Él era el Mesías pero además también el Hijo de Dios, en un sentido personal y único. En aquel tiempo los judíos esperaban que el Mesías prometido por Dios a su pueblo se manifestase en el Templo, mediante algún signo espectacular. El profeta Malaquías había anunciado que el Señor vendría a su Templo luego de que su enviado lo precediera y le allanara el camino: «enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis» (Mal 3,1). Su presencia sería purificadora: «Es él como fuego de fundidor y como lejía de lavandero» (Mal 3,2).


Luego de haber cumplido Juan Bautista con su misión precursora, el Señor llegaba por primera vez al Templo y daba cumplimiento a las profecías.

El evangelista comenta que los discípulos, al ver actuar al Señor con tal pasión, recordaron que en la Escritura estaba escrito: «El celo de tu casa me devora». La expresión se encuentra en el Salmo 68 (v. 10), el mismo salmo del que el Señor dirá que “se cumple” cuando lo odian sin motivo (Jn 15,25; Sal 68,5), o que Juan afirma que se cumple cuando desde la Cruz Él pronuncia las palabras “tengo sed” (Jn 19, 28s; Sal 68, 22).


El término hebreo kinah usado en el Salmo 68 y que se traduce por celo, califica por lo general un ardor interior que la persona experimenta a causa de otra a la que ama apasionadamente, un como fuego o energía que le impulsa a defender, proteger o cuidar con acciones incluso violentas a quien es objeto de su amor. Kinah designa en el caso específico del salmo mencionado un celo religioso, el celo del hombre por Dios y por el lugar en el que Él mora entre los hombres, “la casa de Dios”, que también es celo por el cumplimiento de su Ley (ver Sal 118, 139). Kinah designa en otros momentos también el celo de Dios por su pueblo.


Dios se califica a Sí mismo como «Dios celoso» (Ex 20, 5). Es celoso por el ser humano, a quien creó por sobreabundancia de amor a su imagen y semejanza. Al escuchar “celoso” no hay que pensar en la connotación negativa de los celos, que llevaría a entender las cosas desde una sola interpretación. El mismo diccionario trae otras definiciones de celoso, como lo son por ejemplo: “solícito, diligente, cuidadoso, esmerado, meticuloso, entusiasta, afanoso, ardoroso”. Así hay que entender el celo de Dios por el ser humano. Es así como también hay que entender el celo del Señor Jesús por la casa de su Padre, un celo que lo devora, es decir, su amor al Padre es tan intenso que lo consume interiormente como un fuego incontenible, un fuego que le lleva a purificar la casa de su Padre de todo aquello que lo profana.


En algún momento posterior intervinieron “los judíos” para preguntarle al Señor: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Con “los judíos” San Juan se refiere normalmente a aquellos judíos que se presentan como enemigos del Señor Jesús, y en este caso concreto se refiere a las autoridades o altos funcionarios levíticos encargados del Templo. La actitud del Señor Jesús significaba una censuraimplícita que los cuestionaba y desafiaba, pues eran ellos quienes habían permitido que la casa de Dios se convirtiera en un lugar de comercio.


Quienes así le preguntan han comprendido el mensaje del Señor Jesús: al purificar el Templo y reclamar que no hagan de la casa de su Padre un mercado, Él se presenta como el Mesías e Hijo de Dios, de un modo muy atrevido. ¿Cuáles son sus “credenciales”? ¿Cómo saber si es verdaderamente quien dice ser? ¿No debía acreditarse con señales claras, con algún signo o manifestación espectacular de su poder, con una intervención sobrenatural o milagro que sirviese como garantía de que verdaderamente era quien decía ser?


El Señor ofrece ese “signo”, aunque lo anuncia de una manera velada y enigmática, como lo es toda profecía: «Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré».


El templo de Jerusalén, considerado indestructible por aquellos judíos por ser la morada que Dios mismo se había escogido, era en la mente del Señor figura y anuncio de otro Templo no construido por manos humanas: el Templo de su propio Cuerpo. Ciertamente, «la venida de nuestro Salvador en el tiempo fue como la edificación de un templo sobremanera glorioso; este templo, si se compara con el antiguo, es tanto más excelente y preclaro cuanto el culto evangélico de Cristo aventaja al culto de la ley o cuanto la realidad sobrepasa a sus figuras» (San Cirilo de Alejandría). Su Cuerpo es y será para siempre el verdadero Templo en el que el creyente encuentra a Dios, el Templo perpetuo que lleva a plenitud la figura del antiguo templo.


Y el signo que el Señor da no es otro que el “signo de Jonás” (ver Mt 12, 38-40): «en tres días yo lo levantaré». Su Resurrección será el signo definitivo y fundamental que propone a todos para autentificar su obra, su misión y su Persona. Por su muerte y Resurrección han de saber todos que Él verdaderamente es el Mesías, el Hijo de Dios, «fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (2ª. lectura).


LAS LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA


Cristo muestra un celo que lo consume, que lo devora interiormente: es el “celo por la casa de su Padre”. Este celo lo impulsa a arrojar sin contemplaciones a losmercaderes que encuentra en el templo de Jerusalén que, aunque se trataba de un edificio material, era “la casa de su Padre”.


Hoy ese templo de Dios es Su Iglesia, el Cuerpo místico de Cristo. Este templo lo formamos cada uno de nosotros, los bautizados, miembros del Cuerpo místico de Cristo.


A su vez hemos de entender que cada uno de nosotros somos templo vivo de Dios: «¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? (…) vosotros sois ese santuario» (1Cor 3,16-17).


Al mirarnos y considerarnos lo que somos y estamos llamados a ser, templos vivos de Dios, la casa del Padre, con pena constatamos que a diferencia del Señor Jesús, ese mismo “celo por la casa del Padre” no nos devora precisamente: ¿cuántas veces consiento que los mercaderes de un mundo que rechaza a Dios invadan este templo que soy yo mismo, este templo que Cristo ha purificado mediante su Sangre derramada en la Cruz? ¡Con qué facilidad, ingenuidad o complicidad le abro las puertas a aquellos “mercaderes” y hábiles “vendedores” que no nos venden ovejas, bueyes o palomas, sino que continuamente nos presentan el placer y todo tipo de sensualidades, el poder y el ejercicio del dominio abusivo sobre los demás, el tener abundancia de dinero y bienes materiales como aquello que “necesitamos”, “lo que más nos conviene” para ser felices, para llegar a “ser alguien” en la vida, para ser “como dioses” desplazando a Dios mismo de nuestra vida, de nuestras familias y sociedades! ¡Con qué negligencia abro las puertas a estos vendedores y “cambistas” para hacer de mi cuerpo un mercado! En efecto, al consentir y dar cabida a estos nuevos vendedores y cambistas con sus propias monedas, bueyes y palomas, terminamos tan sucios interiormente, desordenados, llenos de bullicio y vacíos de Dios.


Como Cristo que arrojó a los mercaderes del templo, ¿lo hago yo? ¿Reacciono con celo contra todo vicio o pecado que descubro en mí, y que hace de esta “casa del Padre” que soy yo mismo un “mercado”? ¿Qué debo hacer?


No percibir a los mercaderes que hay en uno, hacerse de la vista gorda o engañarse a sí mismo pensando que lo que ellos ofrecen es lo que uno “necesita”, y “necesita ya, en este instante”, es un grave problema. Por ello conviene que esta semana hagamos un examen de conciencia más detallado para tomar conciencia justamente de cuáles son los vicios de los que tengo que purificar micorazón, y es que es muy fácil que, como las autoridades del templo, los consintamos porque creemos que son inevitables, o necesarios acaso. ¿Por qué sacarlos? ¿Por qué combatir tal o cual vicio, si “yo soy así”? Pero lo que es “normal” para nosotros, no lo es para el Señor Jesús. Él con ira santa arroja del templo lo que otros han consentido sin escrúpulos. ¿Qué arrojaría Él del templo de mi corazón? Entiende que tus vicios son como hierbas malas que ahogan en ti la buena semilla, raíces amargas que hay que extirpar para que crezca el trigo limpio. ¡Qué importante es mirarnos a nosotros mismos con honestidad, conocer con la luz del Señor y de los mandamientos que nos da (1ª. lectura) nuestros vicios, desenmascarar a los mercaderes que hemos consentido en nuestro corazón, los productos que le hemos comprado! ¡Qué importante es tomar conciencia de aquello que no está bien en nuestras actitudes, en nuestros modos de pensar e incluso en los sentimientos que consentimos y que nunca cuestionamos, dejando que esos sentimientos gobiernen nuestra vida! ¡Hay sentimientos que son muy malos consejeros! ¡No podemos conducir nuestra vida en base a esos sentimientos, sino que debemos aprender a hacerlo en base al criterio objetivo, a la enseñanza divina!


El primer paso para una mayor conversión, para hacer de este templo que soy yo una verdadera “casa de oración”, es esa toma de conciencia. El siguiente paso es pasar a la acción, a la purificación del propio templo. Una vez que identifico mis vicios, de qué pie cojeo, debo empezar a luchar no contra todos a la vez, sino contra aquel que considero es mi vicio principal. No es fácil desarraigar un vicio. ¡Es una lucha que durará toda la vida! Así que nunca te desanimes si parece que no avanzas, o si caes una y otra vez. ¡Ponte siempre de pie, con humildad y paciencia, una y otra vez, pide perdón a Dios y vuelve a la batalla! Proponte medios concretos para combatir tu vicio principal. Proponte medios para vivir la virtud contraria a tal vicio.


Es tiempo de Cuaresma, tiempo de purificarnos más, tiempo de arrojar a los “mercaderes” del templo que soy yo mismo. Implorando el auxilio y la gracia divina, viviendo de acuerdo a la sabiduría de la Cruz y de acuerdo a los diez mandamientos, esforcémonos por morir a todo lo que es muerte en nosotros para vivir a la Vida verdadera, haciendo de nuestra morada interior una casa de oración, lugar de diálogo, de encuentro y comunión con Dios Padre (ver Jn 14,23).


LOS PADRES DE LA IGLESIA


« ¿Pero qué fin se propuso el Salvador al obrar con tanta vehemencia? Él que había de curar en día sábado y había de hacer muchas cosas que parecían contrarias a la Ley, hizo esto, aunque con peligro, para no aparecer como enemigo de Dios, dando a entender que aquel que en los peligros se expone por el honor que se debe a la casa de Dios, no menosprecia al Señor de ella, y por lo tanto, para demostrar su conformidad con Dios, no dijo “la casa santa”, sino “la casa de mi Padre”». San Juan Crisóstomo


« Es comido también por el celo de la casa de Dios aquel que se esfuerza por enmendar todo lo malo que en ella encuentra, y si no puede enmendarlo, lo tolera, pero se aflige. Por lo tanto, si te esfuerzas porque en tu casa nada malo se haga, en la casa de Dios, donde se encuentra la salvación, ¿deberás tolerar, en lo que de ti dependa, si algo malo encuentras? Si es un amigo, se le advierte con prudencia; si es tu mujer, repréndela con severidad; haz todo lo que puedas y según sea la persona que tengas a tu cargo». San Agustín


« Las ovejas son también todas las obras buenas y piadosas. Venden, pues, ovejas todos aquellos que dan sus limosnas al templo en calidad de préstamo, o hacen buenas obras para ganarse el afecto humano y éstos son todos aquellos que sirven a la Iglesia manifiestamente sólo por miramientos humanos. Y hacen también casa de negociación la casa del Señor, no sólo todos aquellos que ejercen las sagradas órdenes por dinero, por alabanza o por honor, sino también aquellos que no llenan en la Iglesia los deberes espirituales del cargo que recibieron por la gracia del Señor, con buena intención, sino con el fin de obtener retribución humana». San Beda


EL CATECISMO


El templo como lugar privilegiado para el encuentro con Dios


584: Jesús subió al templo como al lugar privilegiado para el encuentro con Dios. El templo era para Él la casa de su Padre, una casa de oración, y se indigna porque el atrio exterior se haya convertido en un mercado (Mt 21,13). Si expulsa a losmercaderes del templo es por celo hacia las cosas de su Padre: “No hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado”. Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: “El celo por tu Casa me devorará” (Sal 69,10; Jn 2,16-17).


585: Jesús anunció, no obstante, en el umbral de su Pasión, la ruina de ese espléndido edificio del cual no quedará piedra sobre piedra (cf. Mt 24,1-2). Hay aquí un anuncio de una señal de los últimos tiempos que se van a abrir con su propia Pascua.


Un nuevo templo


586: Por eso su muerte corporal anuncia la destrucción del templo que señalará la entrada en una nueva edad de la historia de la salvación: “Llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Jn 4,21).


593: Jesús veneró el Templo subiendo a él en peregrinación en las fiestas judías y amó con gran celo esa morada de Dios entre los hombres. El Templo prefigura su Misterio. Anunciando la destrucción del Templo anuncia su propia muerte y la entrada en una nueva edad de la historia de la salvación, donde su cuerpo será el Templo definitivo.


La iglesia, casa de oración


2691: La iglesia, casa de Dios, es el lugar propio de la oración litúrgica de la comunidad parroquial. Es también el lugar privilegiado para la adoración de la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. La elección de un lugar favorable no es indiferente para la verdad de la oración.


Los santos son templo de Dios


2684: “El Espíritu es verdaderamente el lugar de los santos, y el santo es para el Espíritu un lugar propio, ya que se ofrece a habitar con Dios y es llamado su templo” (San Basilio).


Para entrar en su gloria era necesario pasar por la cruz

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 3 Ee marzo Ee 2021 a las 19:20 Comments comentarios (0)

Discipulado Carismático


RCC - DRVC


DOMINGO II DE CUARESMA


28 de Febrero al 6 de Marzo 2021


"Para entrar en su gloria era necesario pasar por la cruz"



Gén 22, 1-2. 9-13. 15-18: “El sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe”


En aquellos días, Dios puso a prueba a Abraham, llamándole:

— «¡Abraham!»

Él respondió:

— «Aquí me tienes».

Dios le dijo:

— «Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré».

Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abraham levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abraham tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:

— «¡Abraham, Abraham!»

Él contestó:

— «Aquí me tienes».

El ángel le ordenó:

— «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo».

Abraham levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.

El ángel del Señor volvió a gritar a Abraham desde el cielo:

— «Juro por mí mismo —oráculo del Señor—: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido».


Sal 115,10.15-19: “Caminaré en presencia del Señor”


Tenía fe, aún cuando dije: “¡Qué desgraciado soy!” Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo, en el atrio de la casa del Señor; en medio de ti, Jerusalén.


Rom 8, 31-34: “Dios no perdonó a su propio Hijo”


Hermanos:

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no va a darnos gratuitamente todas las demás cosas juntamente con él?

¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es el que salva. ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?


Mc 9, 2-10: “Éste es mi Hijo amado, escúchenlo”


En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió únicamente con ellos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de una blancura deslumbrante, como nadie en el mundo podría blanquearlos.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:

— «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

No sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:

— «Éste es mi Hijo amado; escúchenlo».

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:

— «No cuenten a nadie lo que ustedes han visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».


NOTA IMPORTANTE


En el marco de la Cuaresma, el relato de la ofrenda de Isaac por su padre Abraham (1ª. lectura) pone de relieve que más que sacrificios y ofrendas lo que Dios pide a sus siervos es la obediencia de la fe. Un corazón realmente convertido a Dios, que le cree a Él y confía en Él, hace lo que Él le pide y enseña aún cuando ello implique afrontar los sacrificios más costosos.


El Señor Jesús vive al máximo esa cordial adhesión y obediencia al Padre, quien ha querido entregarlo «por todos nosotros» (2ª. lectura) para nuestro rescate. Mas esa entrega del Padre no se produce sin el pleno y libre asentimiento del Hijo: «Heme aquí, que vengo, para hacer tu voluntad» (ver Sal 40, 8-9). Para la reconciliación de toda la humanidad con Dios Él ofrecerá el sacrificio de su propia vida en el Altar de la Cruz.


Esa entrega del Hijo está como trasfondo del relato del episodio de la transfiguración. En efecto, no podemos perder de vista que San Marcos, al introducir el relato del episodio de la transfiguración, establece un vínculo con otro episodio ocurrido seis días antes (ver Mc 9, 2; Nota: Al introducirse la lectura del Evangelio de este Domingo con las palabras “en aquel tiempo” se omite la referencia temporal hecha por el evangelista): el diálogo que el Señor sostuvo con sus discípulos, referido a su identidad y misión.


En ese diálogo que tuvo lugar seis días antes el Señor Jesús había preguntado a sus discípulos: «¿Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» (Mc 8, 29). Pedro, tomando la palabra, había respondido: «Tú eres el Cristo», es decir, el Mesías anunciado por Dios a Israel, el Mesías largamente esperado. Luego de mandarles enérgicamente que a nadie le dijeran que Él era el Mesías, «comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días» (Mc 8, 31). Pedro se negó a aceptar tal perspectiva y posibilidad: El Mesías de Dios —así pensaban todos los judíos— debía ser un caudillo glorioso y victorioso que con la fuerza de Dios libraría a Israel de toda dominación e instauraría el Reino de Dios de un modo inmediato, sometiendo a todas las naciones paganas bajo su dominio. En la mente de Pedro y de los hombres el Mesías no podía ser reprobado y matado por los suyos. Pero tal Mesías-liberador político no estaba en la mente ni en los planes de Dios (ver Mc 8, 33), por lo que Pedro recibió una durísima reprimenda del Señor, que además calificó de “Satanás” a quien poco antes había proclamado como “la roca” sobre la cual edificaría su Iglesia ver Mt 16,18.


Luego de llamar la atención a Pedro, el Señor advertía a todos, discípulos y gentes en general: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mc 8, 34). Quedaba claro que Él no prometía la gloria humana a quienes querían seguirlo. Quien quisiera ser su discípulo debía renunciar a buscar su propia gloria y seguir al Señor como aquellos reos condenados a la crucifixión: cargando con su propio instrumento de escarnio y ejecución. Mas para quien sigue al Señor, la cruz es el camino que conduce a la gloriosa transfiguración de su propia existencia (ver Catecismo de la Iglesia Católica, 556).


“Seis días después”, con su transfiguración, el Señor Jesús manifestará a Pedro, Santiago y a Juan su identidad más profunda, oculta tras el velo de su humanidad. La luminosidad de sus vestidos manifiesta su divinidad. ¿No está Dios «vestido de esplendor y majestad, revestido de luz como de un manto» (Sal 104, 1-2)? El Mesías no es tan sólo un hombre, sino Dios mismo que se ha hecho hombre.


En ese momento «se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús»: Moisés representa “la Ley” y Elías “los Profetas”, el conjunto de las enseñanzas divinas ofrecidas por Dios a su Pueblo hasta entonces. En cuanto al contenido del diálogo San Lucas es el único que especifica que hablaban de su muerte en Jerusalén (ver Lc 9, 31).


Aquel momento que viven los tres apóstoles elegidos es muy intenso, por ello Pedro ofrece al Señor construir «tres tiendas»: una para Jesús, otra para Moisés, otra para Elías. Se consideraba que una de las características de los tiempos mesiánicos era que los justos morarían en tiendas. La manifestación de la gloria de Jesucristo en su transfiguración sería interpretada por Pedro como el signo palpable de que ha llegado el tiempo mesiánico, su manifestación. Mas en el momento en que Pedro se halla aún hablando «se formó una nube que los cubrió». La nube «es el signo de la presencia de Dios mismo, la shekiná. La nube sobre la tienda del encuentro indicaba la presencia de Dios. Jesús es la tienda sagrada sobre la que está la nube de la presencia de Dios y desde la cual cubre ahora “con su sombra” también a los demás» (S.S. Benedicto XVI).


De esta nube salió una voz que decía: «Éste es mi Hijo amado; escúchenlo». Es la voz de Dios, la voz del Padre que proclama a Jesucristo como Hijo suyo y manda escucharlo. El Señor Jesús es más que Moisés y Elías, está por encima de quienes hasta entonces habían hablado al Pueblo en nombre de Dios, Él ha venido a dar cumplimiento a la Ley y los Profetas (ver Mt 5, 17), Él es la plenitud de la revelación: «Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos. El cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en lasalturas» (Heb 1, 1-3). Así, pues, al Hijo es a quien en adelante hay que escuchar: hay que prestar oídos a sus enseñanzas y hacer lo que Él diga (ver Jn 2, 5).


LAS LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA


Pedro, Santiago y Juan experimentan algo fascinante, maravilloso: ven al Señor transfigurarse ante sus ojos, lo ven en todo su esplendor, perciben la intensa luz que irradia todo su ser, su Gloria, y aunque esta intensísima y tremenda experiencia los asusta, más es el gozo extraordinario que inunda el corazón de los apóstoles: «Señor, ¡qué bien se está aquí! ¡Hagamos tres tiendas!», es como decir: “¡Quedémonos aquí para siempre! ¡No queremos que este gozo intenso pase nunca!”


A veces sucede algo parecido en nuestro propio peregrinar de fe: Dios nos concede en un momento oportuno una experiencia espiritual intensa que quisiéramos que se prolongue para siempre, que nunca se acabe. Sin embargo, experiencias como esas no duran para siempre, y acaso duran sólo un instante. Y así, luego de “ver brillar la gloria del Señor”, como los Apóstoles debemos “bajar del monte”, volver a la vida cotidiana, a la lucha a veces tediosa, a la rutina absorbente de cada día, a soportar fatigas, tentaciones, dificultades, pruebas, adversidades, etc.


¡Cuántos, luego de experimentar momentos tan intensos se desalientan en la batalla, piensan en abandonar la lucha y arrojar lejos de sí la cruz que implica la vida cristiana porque “ya no sienten nada”, porque el camino se hace cuesta arriba y “no pensé que me costaría tanto”, porque “ya no puedo más”. Y en medio de estas cavilaciones y tentaciones, perdiendo el aguante, no dispuestos a asumir el esfuerzo y pagar así el precio necesario para conquistar la eternidad, desconfiando del Señor y del poder de su gracia, abandonaron cobardemente lalucha diciéndose a sí mismos: “¡Esto no es para mí! ¡Yo no puedo!” Pero no sólo abandonaron el camino del bien: engañados y fascinados por el vano brillo que el mundo les ofrecía, regresaron a Egipto, allí donde “todo era mejor”, allí donde todo es más fácil y más cómodo, allí donde “sí hay con qué saciar inmediatamente el hambre y la sed” de infinito que quema sus entrañas. ¡Qué ilusión y engaño!


¿Y dónde quedaron aquellas experiencias intensas que el Señor les regaló? ¿Fueron acaso tan sólo una ilusión y fantasía de momento, una autosugestión, es decir, una mentira? Así suelen autojustificarse y engañarse aquellos que abandonando la lucha y apartando sus ojos de la eternidad deciden “vivir del momento”. Quieren sustituir con fugaces “experiencias extremas”, repetidas una y otra vez hasta el cansancio y la saciedad, la profunda y duradera felicidad que sólo el Señor les puede dar. A quienes de este modo huyen de su interior y del Señor ciertamente no les queda más que lanzarse frenéticamente a buscar saciar su hambre y sed de infinito con borracheras de todo tipo, con sensaciones fuertes, intensas, a través del placer sensual, del poder, del tener, o a través de la adicción al trabajo, a la acción superficial e ininterrumpida. Así, en el día a día, son como pobres mendigos que buscan saciarse con migajas, o peor aún, con alimento para cerdos, queriendo acallar el grito incontenible de sus corazones que clama por un Pan Vivo que sacie su hambre de felicidad, de paz, de auténtica comunión en el amor.


¡Qué importante es valorar y atesorar aquellas experiencias que Dios nos regala en algún momento de la vida, experiencias a veces muy intensas, otras muy suaves y sencillas, para no sucumbir ante las pruebas y cruces que encontraremos en el camino, para no dejarnos seducir por los espejismos que en momentos de desierto espiritual nos invitan a abandonar el camino del Señor, el camino que por la cruz conduce a la gloria, sugiriéndonos “volver a Egipto”, es decir, optar por una vida más fácil, más cómoda y placentera, más “light”, más ajustada a nuestra mediocridad!


Como la transfiguración para los Apóstoles, las experiencias intensas que en un momento de nuestra vida inundan nuestro espíritu de una paz y un gozo profundo son un regalo de Dios para nuestro peregrinar, un tenue anticipo de lo que Dios nos promete si perseveramos en el camino que Jesús nos enseña, un firme aliciente para luchar día a día por lo que hemos gustado brevemente pero que aún nos falta conquistar, aquello que «ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1Cor 2, 9). Esos momentos de luz han de permanecer siempre en nuestra cordial memoria para alentarnos en todas nuestras luchas, para alimentar nuestra esperanza y sostenernos día a día en la fiel perseverancia hasta el fin.


Así, pues, en los momentos de prueba, en los momentos en que el cielo se nos nuble, cuando la oscuridad parezca cubrirlo todo y la espesa tiniebla del dolor inunde tu mente y corazón, haz memoria de los momentos de luz, momentos en que el Señor se ha mostrado en tu vida con suma claridad. Estas experiencias son como el sol: no podemos dudar de su existencia aunque por momentos las nubes densas lo oculten, y así no lo veamos en días, semanas, meses, sabemos que está siempre allí, que está detrás de las nubes o tormentas que se interponen de momento. Cuando te toquen esos momentos duros y difíciles, no desesperes: abrázate a la Cruz del Señor, reza intensamente y espera con paciencia el nuevo nacimiento del Sol, el triunfo del Señor en tu vida.


LOS PADRES DE LA IGLESIA


«El Señor manifiesta su gloria delante de testigos que había escogido, y sobre su cuerpo, parecido al nuestro, se extiende un resplandor tal “que su rostro parecía brillante como el sol y sus vestidos blancos como la luz.” Sin duda, esta transfiguración tenía por meta quitar del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz, no hacer tambalear su fe por la humildad de la pasión voluntariamente aceptada... Pero esta revelación también infundía en su Iglesia la esperanza que tendría que sostener a lo largo del tiempo. Todos lo miembros de la Iglesia, su Cuerpo, comprenderían así la transformación que un día se realizaría en ellos, ya que los miembros van a participar de la gloria de su Cabeza. El mismo Señor habíadicho, hablando de la majestad de su venida: “Entonces, los justos brillarán como el sol en el reino de mi Padre” (Mt 13, 43). Y el Apóstol Pablo afirma: “Los sufrimientos del mundo presente no pesan lo que la gloria que se revelará en nosotros” (ver Rom 8, 1)… También exclamó: “Habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios; cuando aparezca Cristo, vuestra vida, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él” (Col 3, 3-4)». San León Magno


«¿Y por qué hace que se presenten allí Moisés y Elías? Para que se distinguiese entre el Señor y los siervos, pues el pueblo afirmaba que el Señor era Elías o Jeremías. Además, hizo que apareciesen sirviéndole, para demostrar que Él no era adversario de Dios ni trasgresor de la ley; pues en tal caso el legislador Moisés y Elías, los dos hombres que más habían brillado en la guarda de la ley y en el celo de la gloria de Dios, no lo hubieran servido». San Juan Crisóstomo


«Ya por los profetas, sus siervos, Dios quiso hablar y hacerse oír de muchas maneras; pero mucho más es lo que nos dice el Hijo, lo que la Palabra de Dios, que estuvo en los profetas, atestigua ahora con su propia voz, pues ya no manda preparar el camino para el que ha de venir, sino que viene Él mismo, nos abre y muestra el camino, a fin de que, los que antes errábamos ciegos y a tientas en las tinieblas de la muerte, iluminados ahora por la luz de la gracia, sigamos la senda de la vida, bajo la tutela y dirección de Dios». San Cipriano


EL CATECISMO


El Padre envía a su Hijo amado para nuestra reconciliación


444: Los evangelios narran en dos momentos solemnes, el bautismo y la transfiguración de Cristo, que la voz del Padre lo designa como su «Hijo amado».


457: El Verbo se encarnó para salvarnos reconciliándonos con Dios: «Dios nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1Jn 4,10). «El Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo» (1Jn 4,14). «Él se manifestó para quitar los pecados» (1Jn 3,5)

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458: El Verbo se encarnó para que nosotros conociésemos así el amor de Dios: «En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de Él» (1Jn 4,9). «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).


459: El Verbo se encarnó para ser nuestro modelo de santidad: «Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí...» (Mt 11,29). «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6). Y el Padre, en el monte de la Transfiguración, ordena: «Escuchadle» (Mc 9,7). Él es, en efecto, el modelo de las bienaventuranzas y la norma de la ley nueva: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (Jn 15,12). Este amor tiene como consecuencia la ofrenda efectiva de sí mismo.


La cruz es el camino a la gloria


554: A partir del día en que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro «comenzó a mostrar a sus discípulos que Él debía ir a Jerusalén, y sufrir... y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día» (Mt 16,21): Pedro rechazó este anuncio, los otros no lo comprendieron mejor. En este contexto se sitúa el episodio misterioso de la Transfiguración de Jesús…


555: Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que “para entrar en su gloria” (Lc 24,26), es necesario pasar por la cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña; la ley y los Profetas habían anunciado los sufrimientos del Mesías. La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre: el Hijo actúa como Siervo de Dios. La nube indica la presencia del Espíritu Santo.


556: (…) La Transfiguración nos concede una visión anticipada de la gloriosa venida de Cristo «el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo» (Flp 3,21). Pero ella nos recuerda también que «es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios» (Hch 14,22).


CONCLUSION REFLEXIVA


Cuaresma puede ser entonces un tiempo oportuno de hacer juntos un camino nuevo que nos ayude a ser más libres para amar, servir y entregar la vida como Jesús lo hizo, para destruir el egoísmo y la indiferencia. Como nos recordaba el Papa Francisco: “La vida subsiste donde hay vinculo, comunión, fraternidad; y es una vida más fuerte que la muerte cuando construye sobre relaciones verdaderas y lazos de fidelidad.” (Fratelli tutti 87).


Si quieres, puedes limpiarme

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 15 Ee febrero Ee 2021 a las 13:45 Comments comentarios (0)

Discipulado Carismático


RCC - DRVC


DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO


14 - 20 de Febrero 2021


“Si quieres, puedes limpiarme“


Presentacion:


Buena parte del mundo celebra hoy dos acontecimientos disímiles: el domingo de carnaval y el día del amor y la amistad. Amor con distancia y amistad con mascarilla… toda una imagen paradojal de nuestro tiempo. El amor y la amistad son valores universales, todo corazón aspira a un amor sincero y toda existencia suspira por una auténtica amistad. El tener un día que nos lo recuerde refuerza este deseo y amarra esta esperanza. Hemos sido creados por Dios para la comunicación y el vivir en sociedad. Ahora ya losabemos: vivir en soledad impuesta, o en confinamiento obligatorio, es una verdadera desgracia.


Cuando Jesús inició su ministerio público, cuando abandonó Nazaret y su supuesta carpintería, cuando se encontró con el drama de la complejidad de la existencia humana y de las tramas de sus relaciones, se indignó por algunas de las diversas situaciones que encontró. Una de ellas fue la que se nos narra en el Evangelio de este domingo: la de aquellos que son excluidos socialmente a causa de sus enfermedades y dolencias, el drama de los que son rechazados por tener el cuerpo llagado y quebrantado y provocar por ello, con su sola presencia, repulsión.


Una de las imágenes más impactantes del Papa Francisco fue con motivo de su encuentro con un hombre con el rostro totalmente desfigurado. La expresión del Papa no fue de asco o de rechazo, al contrario, lo abrazó con ternura, sencillez y delicadeza, como para que no se quebrara más en su fragilidad. Esa es, en mi opinión, la imagen más nítida y perfecta a la que estamos llamados todos los cristianos: abrazar y acoger con misericordia a los llagados, deformes y enfermos de este mundo, a mirar a la cara, a los ojos, con compasión y fraternidad a los que viven en los márgenes de nuestras existencias cotidianas.Fray Manuel Jesús Romero Blanco


Lev 13, 1-2.44-46: “El leproso vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento”


El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

— «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro, porque tiene lepra en la cabeza.

El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: ¡impuro, impuro! Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento».


Sal 31, 1-2.5.11: “Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación”


Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Alégrense, justos, y gocen con el Señor; aclámenle, los de corazón sincero.


1 Cor 10, 31-11, 1: “Sigan ustedes mi ejemplo, como yo sigo el ejemplo de Cristo”


Hermanos:

Cuando ustedes coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para gloria de Dios.

No den motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios. Por mi parte, yo procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven.

Sigan ustedes mi ejemplo, como yo sigo el ejemplo de Cristo.


Mc 1,40-45: “La lepra se le quitó y quedó limpio”


En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

— «Si quieres, puedes limpiarme».

Jesús sintió compasión, extendió la mano y lo tocó, diciendo:

— «Quiero: queda limpio».

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente:

— «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés».

Pero él salió y se puso a pregonarlo y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba afuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.


NOTA IMPORTANTE


De acuerdo con la ley de Moisés, cualquier hebreo que tenía «en la piel de su carne tumor, erupción o mancha blancuzca brillante, y se forme en la piel de su carne como una llaga de lepra» (Lev 13,1-2), debía ser llevado y presentado al sacerdote. Éste debía observar al enfermo para determinar si se trataba o no de la lepra.


Si el sacerdote calificaba la enfermedad como lepra, el enfermo era declarado legalmente como un “impuro” y separado de la comunidad para evitar el contagio y la difusión de la enfermedad. Al leproso se le obligaba llevar vestidos desgarrados, así como la cabeza descubierta. Día a día su enfermedad avanzaba lentamente, y en aquel tiempo se trataba de una enfermedad incurable. No había médico que pudiese curarla. Sólo un profeta del Señor podía realizar tal curación.


Excluidos de la convivencia común, los enfermos de lepra vivían fuera de los muros de la ciudad, socialmente aislados y marginados. Para su subsistencia dependían básicamente de la caridad de los peregrinos, y si algún peregrino inadvertidamente pasaba cerca de donde se encontraba algún leproso éste tenía que avisar de su presencia proclamando a grandes gritos: «¡impuro, impuro!» (ver Lev 13, 45).


¿Podemos imaginar la terrible existencia a la que se veían condenados los leprosos por su enfermedad, la carga tremenda del dolor y sufrimiento que tenían que soportar, no sólo físico y psicológico, sino también espiritual? En efecto, además de la exclusión por parte de sus hermanos humanos, los leprosos eran declarados “impuros” como signo de una exclusión mayor: la exclusión de la amistad de Dios, por ser considerada la enfermedad como una manifestación y consecuencia de una impureza legal en la que el enfermo habría incurrido por su infidelidad a la Ley, por su infidelidad a Dios. El leproso era, para los judíos, alguien a quien Dios mismo había rechazado y castigado con esa terrible enfermedad. De ahí el nombre mismo de la lepra, en hebreo tzara’at: “golpe o azote divino”.


Había leprosos que, aunque debían vivir aislados, no eran recluidos. A estos se les permitía venir a las ciudades a pedir limosna o ayuda a los suyos, no pudiendo acercarse a nadie a menos de “cuatro codos” de distancia. Uno de estos leprosos tuvo un día la oportunidad y osadía de acercarse al Señor Jesús. No soporta más la carga de su terrible enfermedad, el oprobio que significa para él. Lleno de esperanza se acerca a Jesús, que ya por entonces era famoso por su prédica y curaciones, y se arrodilla ante Él para suplicarle: «Si quieres, puedes limpiarme». Él cree que el Señor tiene el poder para curarlo. Sabe también que no tiene derecho alguno a reclamar tal beneficio y con toda humildad se pone en las manos del Señor apelando a su benevolencia.


Los rabinos, por no correr ningún riesgo de contaminarse por el contacto con algún leproso, los evitaban al verlos o les arrojaban piedras para apartarlos de su camino. En efecto, la Ley declaraba impuro al que tocaba a un leproso (ver Lev 15,7) y los rabinos eran sumamente celosos de mantener la pureza legal. Sin embargo, el Señor no sólo permite que se le acerque aquel leproso sino que, movido por la compasión, lo toca y le dice: «Quiero: queda limpio». El contacto físico es para el Señor el modo como comunica su poder restaurador (ver Mc 7,33). Con este gesto unido a su palabra el Señor realiza el milagro esperado: su carne de inmediato quedó limpia de la lepra.


Pero no sólo cura el Señor la enfermedad física. El leproso le ha suplicado que lo limpie. La palabra griega katarizo puede ser entendida en su sentido primario de limpiar de la lepra por medio de la curación, pero también tiene un sentido moral, el de liberar de la corrupción y de la culpa del pecado, el de purificar de toda malicia. La curación de la lepra es por tanto el signo visible de otra purificación más profunda: el perdón de los pecados en los que habría incurrido, atrayendo supuestamente sobre él el castigo divino.


El pecado es ciertamente como una lepra que va despedazando no la carne sino el espíritu, una lepra que destruye la comunión con los demás y termina por hundir al pecador en la total lejanía de Dios y en la más absoluta soledad y desesperación. El Señor Jesús vino a sanar al hombre entero, con una curación que va a las raíces de todo mal y sufrimiento que experimenta el ser humano. La reconciliación con Dios, consigo mismo, con el hermano y con la creación, mediante el perdón de los pecados obtenido por el sacrificio reconciliador de Cristo en la Cruz, es la respuesta de Dios frente a la situación de ruptura en la que el ser humano ha incurrido por su rechazo de Dios.


El Señor lo despide «encargándole severamente: “No se lo digas a nadie”». No quiere que la noticia se divulgue para no encender el entusiasmo mesiánico de las multitudes, impidiendo o dificultando así el cumplimiento de su misión de predicar la Buena Nueva a todos los hijos de Israel. A pesar de la severa prohibición, el hombre curado no puede contener el anuncio, difundiendo por todo lugar lo que el Señor ha hecho con él. No podemos imaginar el gozo y la alegría que habrá experimentado aquel leproso curado. ¡Estaba sano nuevamente! ¡Dios se había mostrado compasivo con él! ¡Ahora podía nuevamente reintegrarse a la comunidad! ¿Cómo es posible contener un gozo semejante y no “hacer fiesta”, no proclamar y divulgar la extraordinaria noticia?


LAS LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA


Cualquiera de nosotros, luego de cometer un pecado grave, experimenta la voz de la conciencia que le remuerde, que le dice que ha hecho mal, que le quema interiormente. Mientras más grave el pecado, mayor el peso, el dolor y la vergüenza que se experimentan.

Esa experiencia universal la expresaba el salmista en estos términos: «mientras callé se consumían mis huesos, rugiendo todo el día, porque de día y de noche tu mano pesaba sobre mí; mi savia se me había vuelto un fruto seco» (Sal 31 [32], 3-4). ¿Quién de nosotros, luego de haber pecado gravemente, no ha experimentado que algo le consume interiormente? Por lo menos, al principio siempre se experimenta con fuerza, aunque con la posterior repetición del pecado y la continua justificación o auto-convencimiento de que en realidad “no es tan malo” uno empiece a “anestesiar” la conciencia y acallar esa voz que le acusa “de día y de noche”. Pero incluso aunque se esfuerce en acallarla y silenciarla, irrumpirá con fuerza de vez en cuando, reprochándome mis malas acciones. Sencillamente, no me dejará en paz.


A veces me he preguntado acaso: “después de lo que he hecho, ¿quién me podrá perdonar?” Acaso en medio de la desesperación he pensado que para mí “ya no hay salida”, que “ya no merezco el perdón”. Entonces, porque pensaba que luego de mi pecado ya no había retorno posible, no hice sino seguir hundiéndome en mi pecado pensando: “si para mí ya no hay perdón, si ya no hay vuelta atrás, ¿qué más da si sigo en lo mismo?”


¡Sin embargo, Dios siempre está esperándonos para darnos una nueva oportunidad! ¿Qué tenemos que hacer? Volvamos a la experiencia del salmista: «Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: “confesaré al Señor mi culpa”, y tú perdonaste mi culpa y mi pecado» (Sal 31[32], 5). Sí, el Señor es capaz también de limpiar de la lepra de su pecado a quien reconociendo su miseria se arrodilla humilde ante Él y le pide perdón. Él te limpia de verdad, hasta lo más profundo, borra en ti toda culpa, crea en ti un corazón puro y te renueva interiormente (ver Sal 50,11-12; Ez 36,25-26). Su perdón siempre nos da la posibilidad de empezar de nuevo, y su amor siempre es más grande que el másgrande de tus pecados. Con su perdón el Señor traerá nuevamente la paz, el gozo y la alegría a tu corazón si humilde y arrepentido te acercas al confesionario, donde Él te espera en su sacerdote. Allí, cuando tú al confesar tus pecados le supliques al Señor: “¡si quieres, puedes limpiarme!”, Él, profundamente conmovido y compadecido ante tu sufrimiento y miseria, “tocará” tu herido corazón con su amor y con su gracia y te dirá: “quiero, ¡queda limpio! ¡Yo te absuelvo de tus pecados! ¡Anda, y procura no pecar más!”


LOS PADRES DE LA IGLESIA


«Él se arrodilla cayendo sobre su faz, lo que es señal de humildad y vergüenza, para que cada cual se avergüence de las manchas de su vida. Pero esta vergüenza no impide su confesión; muestra la llaga y pide el remedio. Ya la misma confesión está llena de piedad y de fe. Si quieres, dice, puedes. Esto es, puso la potestad en la voluntad del Señor». San Beda


«Aunque podía curar al leproso sólo con la palabra, lo toca, porque la ley de Moisés decía (Lev 22,4-6): “El que tocase al leproso quedará impuro hasta la noche”. Con esto quería mostrar que esta impureza era según la naturaleza. Y como no se había dictado la ley para Él, sino sólo para los hombres, y como era Él mismo propiamente el Señor de la ley, y curaba como Señor y no como siervo, tocó con razón al leproso, aunque no era necesario el tacto para que se operase la cura». San Juan Crisóstomo


«Imaginémonos en nuestro interior a un herido grave, de tal forma que está a punto de expirar. La herida del alma es el pecado del que la Escritura habla en los siguientes términos: “Todo son heridas, golpes, llagas en carne viva, que no han sido curadas ni vendadas, ni aliviadas con aceite.” (Is 1,6) ¡Reconoce dentro de ti a tu médico, tú que estás herido, y descúbrele las heridas de tus pecados! ¡Que oiga los gemidos de tu corazón, Él para quien todo pensamiento secreto queda manifiesto! ¡Que tus lágrimas le conmuevan! ¡Incluso insiste hasta la testarudez en tu petición! ¡Que le alcancen los suspiros más hondos de tu corazón! ¡Que lleguen tus dolores a conmoverle para que te diga también a ti: “El Señor ha perdonado tu pecado.” (2 Sam 12,13) Grita con David, mira lo que dice: “Misericordia Dios mío... por tu inmensa compasión” (Sal 50,3)». San Gregorio Magno


EL CATECISMO


El enfermo ante Dios


1502: El hombre del Antiguo Testamento vive la enfermedad de cara a Dios. Ante Dios se lamenta por su enfermedad y de Él, que es el Señor de la vida y de la muerte, implora la curación. La enfermedad se convierte en camino de conversión y el perdón de Dios inaugura la curación. Israel experimenta que la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y al mal; y que la fidelidad a Dios, según su Ley, devuelve la vida: «Yo, el Señor, soy el que te sana» (Ex 15,26). El profeta entrevé que el sufrimiento puede tener también un sentido redentor por los pecados de los demás. Finalmente, Isaías anuncia que Dios hará venir un tiempo para Sión en que perdonará toda falta y curará toda enfermedad.


1503: La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de toda clase son un signo maravilloso de que «Dios ha visitado a su pueblo» (Lc 7,16) y de que el Reino de Dios está muy cerca. Jesús no tiene solamente poder para curar, sino también de perdonar los pecados: vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo; es el médico que los enfermos necesitan. Su compasión hacia todos los que sufren llega hasta identificarse con ellos: «Estuve enfermo y me visitasteis» (Mt 25,36). Su amor de predilección para con los enfermos no ha cesado, a lo largo de los siglos, de suscitar la atención muy particular de los cristianos hacia todos los que sufren en su cuerpo y en su alma. Esta atención dio origen a infatigables esfuerzos por aliviar a los que sufren.


1504: A menudo Jesús pide a los enfermos que crean. Se sirve de signos para curar: saliva e imposición de manos, barro y ablución. Los enfermos tratan de tocarlo, «pues salía de él una fuerza que los curaba a todos» (Lc 6,19). Así, en los sacramentos, Cristo continúa «tocándonos» para sanarnos.


Jesús escucha la oración


2616: La oración a Jesús ya ha sido escuchada por Él durante su ministerio, a través de los signos que anticipan el poder de su muerte y de su resurrección: Jesús escucha la oración de fe expresada en palabras, o en silencio. La petición apremiante de los ciegos: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!» (Mt 9,27) o «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» (Mc 10,48) ha sido recogida en la tradición de la Oración a Jesús: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador». Sanando enfermedades o perdonando pecados, Jesús siempre responde a la plegaria del que le suplica con fe: «Ve en paz, ¡tu fe te ha salvado!».

He venido a predicar el Evangelio

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 10 Ee febrero Ee 2021 a las 10:15 Comments comentarios (1)

Discipulado Carismático


RCC - DRVC


DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO


07 - 13 de Febrero 2021


“He venido a predicar el Evangelio”


Job 7, 1-4.6-7: “Mis días se acercan a su fin, sin esperanza”


Habló Job diciendo:

— «El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario.

Meses de desengaño son mi herencia, y noches de sufrimiento me han tocado en suerte. Al acostarme pienso: ¿cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis días se acercan a su fin, sin esperanza, con la rapidez de una lanza de telar.

Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha».


Sal 146, 1-6: “El Señor sostiene a los humildes”


Alaben al Señor, que la música es buena; nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor reconstruye Jerusalén, reúne a los deportados de Israel.

Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas. Cuenta el número de las estrellas, a cada una la llama por su nombre.

Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados.


1 Cor 9, 16-19. 22-23: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!”


Hermanos:

El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi recompensa. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿Cuál es la recompensa? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo gratuitamente, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.

Porque, siendo libre como soy, me hice esclavo de todos para ganar a todos los que pueda. Me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles; me hice todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos.

Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.


Mc 1, 29-39: “Curó a muchos enfermos de diversos males”


En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; se

lo dijeron a Jesús y Él se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al atardecer, cuando ya se había puesto el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se fue a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:

— «Todo el mundo te busca».

Él les respondió:

— «Vamos a otra parte, a los pueblos cercanos, para predicar también allí; que para eso he venido».

Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.


NOTA IMPORTANTE


Luego de asistir aquél sábado a la sinagoga con sus discípulos (ver Mc 1,21), el Señor se dirige a casa de Pedro y Andrés, junto con Santiago y Juan. Pedro y su hermano, naturales de Betsaida (Jn 1, 44), habían venido a residir a la importante ciudad de Cafarnaúm, acaso por razones de comercio pesquero.


En casa de Pedro estaba su suegra, con una fiebre alta (ver Lc 4,38) que la tenía postrada en cama. Los apóstoles se lo comentan al Señor, y Él la cura instantáneamente tomándola de la mano. San Lucas refiere que además «conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó» (Lc 4,39). Su palabra no sólo tiene el poder de expulsar demonios, sino también de “expulsar” enfermedades.


La curación le devuelve asimismo la energía habitual, de modo que de inmediato «se puso a servirles». De este modo se hace visible a todos su dominio no sólo sobre la enfermedad, sino también esa fuerza que sale de Él (ver Mc 5, 30) para comunicar vitalidad a quien estaba enfermo. La restitución es total, tanto que no requiere de una recuperación posterior. Su dominio sobre la creación es absoluto.


El hecho de acercarse, tomarla de la mano y levantarla de su estado de postración puede tener un valor simbólico: Él, abajándose, muriendo en la Cruz y “levantándose” de entre los muertos por su Resurrección, ha venido al mundo a levantar a la humanidad enferma y postrada por el pecado, a devolverle la salud, a devolverle su capacidad de servir a Dios, de entrar en su amistad, de darle gloria mediante una vida humana plena y plenificada por la fuerza de Dios mismo. Él, Señor de la Vida, ha comunicado a su criatura humana, por la fuerza de su Espíritu, una vida nueva. Todo hombre o mujer sanado por el Señor es asimismo invitado a servir al Señor como un gesto de gratitud, servirlo sobre todo viviendo como Cristo enseña, es decir, amando como Él ha amado.


Luego de curar a la suegra de Simón el Señor aprovecha aquella jornada de descanso sabatino para hablarles a sus apóstoles de los misterios del Reino.

Su fama de taumaturgo ya se había difundido por toda la ciudad, de modo que al atardecer de aquel sábado, cuando «ya se había puesto el sol», es decir, cuando ya el reposo sabático había concluido y era lícito transportar los enfermos (ver Jn 5, 9.10), le traen numerosos enfermos y endemoniados para que los cure. Poco a poco se va congregando a la puerta de la casa de Pedro «toda la ciudad». Esta expresión es una típica hipérbole oriental para decir lo mismo que multitud muy numerosa. Uno a uno el Señor los cura a todos.

También «expulsó a muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar», es decir, les prohibía revelar su identidad mesiánica. El Señor no quería que los ánimos de la multitud se exaltasen, no quería que confundiesen su misión mesiánica con una misión política, razón por la que en otro momento también a sus apóstoles les pedirá que a nadie revelen que Él es el Mesías esperado. Sólo permitirá que lo aclamen como tal poco antes de su muerte en Cruz, al hacer su entrada triunfal en Jerusalén.

Ya de noche se retiran todos los que fueron en busca del milagro y de la enseñanza de Jesús. Jesús y sus apóstoles se retiran a dormir.

Pasada la noche refiere San Marcos que el Señor «se levantó de madrugada, se fue a un lugar solitario y allí se puso a orar».

Su diálogo íntimo con el Padre se ve interrumpido cuando Pedro y sus compañeros, al no hallarlo en casa, salen a buscarlo y, una vez hallado, lo instan a volver a casa arguyendo que «todo el mundo te busca». ¿Cómo no sentirse apremiado a salir al encuentro de la muchedumbre que anda en busca de Él, ya sea para escuchar su palabra o para encontrar en Él la salud? A pesar de la petición de Pedro, y consciente de que muchos lo esperan en su casa, el Señor responde: «Vamos a otra parte, a los pueblos cercanos, para predicar también allí; que para eso he venido».


Hay quienes traducen «que para eso he salido», y es que el verbo griego exerjomai se puede traducir tanto por venir como también por salir o partir. En todos los casos indica dejar un lugar para dirigirse a otro, ya sea por voluntad propia o por voluntad de otro. En un sentido inmediato podría entenderse que “para eso ha salido de la casa de Pedro”. Sin embargo, se puede percibir un sentido más profundo en las palabras del Señor: para eso “ha salido de Dios” y venido al mundo. Este sentidode la expresión del Señor Jesús es evidente en el Evangelio de San Lucas: «para eso he sido enviado» (Lc 4,43), por el Padre se entiende.


Con esta sentencia el Señor define su misión: ha sido enviado por el Padre para anunciar el Evangelio, tanto así que «todos los aspectos de su Misterio —la misma Encarnación, los milagros, las enseñanzas, la convocación de sus discípulos, el envío de los Doce, la Cruz y la Resurrección, la continuidad de su presencia en medio de los suyos— forman parte de su actividad evangelizadora» (S.S. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 6).

En obediencia al Padre el Señor Jesús, «Evangelio de Dios, ha sido el primero y el más grande evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena» (EN, 7).

Luego de Él los Apóstoles serán los primeros en anunciar el Evangelio de Jesucristo, enviados por Él.

También San Pablo es un Apóstol elegido por el Señor. El da testimonio de que la misión de anunciar el Evangelio la ha recibido directamente del Señor, misión dela que se experimenta responsable: «¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!». Impulsado por ese celo y sentido del deber San Pablo se hace «todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos».


LAS LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA


Luego de una agotadora jornada apostólica que incluye la predicación de su Evangelio, la curación de muchos enfermos y la expulsión de muchos demonios, el Señor Jesús se levanta al siguiente día muy de madrugada, cuando todo está aún muy oscuro y todos duermen, para dirigirse Él solo a un lugar apartado: «allí se puso a hacer oración».


El Señor Jesús nos enseña la importancia que tiene para Él la oración, “robándole horas al día” para dedicarle un tiempo al diálogo íntimo con el Padre. En el cumplimiento de su misión, que consiste principalmente en predicar la Buena Nueva a las ovejas perdidas de Israel (ver Mc 1,38; Mt 15,24), la frecuente oración o diálogo íntimo con el Padre aparece como algo prioritario para Él. En otra ocasión enseñará a sus discípulos lo que Él mismo vive, la necesidad que Él mismo experimenta: «es necesario rezar siempre y sin desfallecer» (Lc 18,1).


Es a partir de su sintonía profunda con el Padre, que reclama y se nutre de ese diálogo continuo con Él, que el Señor es capaz de ordenar rectamente sus actividades según el divino Plan: a pesar de que Pedro lo urge a regresar a casa donde muchos lo esperan para ser curados de sus enfermedades, Él en cambio decide ir «a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he venido»

.

Por más duro que suene, su prioridad no es curar a los enfermos de sus males, o liberar a los endemoniados de los espíritus inmundos, o saciar la curiosidad de las multitudes que empiezan a buscarlo por la fama de gran profeta que va adquiriendo, sino la fidelidad a la misión que el Padre le ha encomendado. Él ha venido al mundo a anunciar la Buena Nueva de la reconciliación, y prioriza su acción de acuerdo a su misión principal. No podemos dejar de resaltar la importancia fundamental de dicho anuncio, pues ¿de qué hubiera servido su encarnación, su muerte y resurrección, así como su ascensión, sin esa predicación y anuncio? El don de la Reconciliación operada por el Señor Jesús (ver 2Cor 5,18-19) necesita del anuncio, de la proclamación de la Buena Nueva, de la predicación, para ser comprendido y acogido por el hombre (ver Rom 10,17).


Al rezar muy de madrugada el Señor nos enseña que con la oración se preserva del desgaste y desfondamiento que trae consigo la actividad, que sin oración y sin una continua referencia al Padre se convierte en un peligrosísimo activismo. El Señor nos enseña que el recto obrar se nutre de la oración como de su raíz, y hace de la misma acción que se orienta al cumplimiento del Plan divino una oración incesante, una alabanza o “liturgia” continua.


El que verdaderamente es discípulo de Cristo, jamás deja de rezar porque obedece al ejemplo y a la voz de su Maestro, que ha dicho: es preciso «orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). La oración es para el creyente una necesidad, necesidad que responde a una sed de Dios que busca saciar en el encuentro con Él. Consiste en un tejido armonioso que se entreteje de momentos fuertes de oración y de oración continua. Los momentos fuertes de oración como el diálogo íntimo con el Señor en el Santísimo, la meditación de su Palabra en espíritu de oración, la participación atenta en la Santa Eucaristía, la celebración de la Liturgia de las horas, nutren la oración continua, oración que es vivir en continua presencia de Dios y hacerlo todo por Él. No deja de rezar quien buscando obedecer en todo a Dios hace de toda su actividad una incesante alabanza a Él (ver 1Cor 10,31).


Si el Señor Jesús se daba el tiempo para rezar, no dejando la oración “para el final del día” como tantas veces solemos hacerlo nosotros, sino rezando antes de iniciar sus exigentes y diarias actividades, ¡cuánto más debemos nosotros buscar el tiempo necesario para tener momentos fuertes de oración a lo largo del día! Si andamos en búsqueda de la reconciliación para nosotros mismos —el perdón de nuestros pecados, la curación de nuestras heridas más profundas, la armonía y paz interior, la alegría y gozo continuo, la fuerza para la lucha, etc.— y si queremos llevar a otros el don de la reconciliación, entendamos de una vez por todas que ello es imposible sin la oración perseverante. Para estar reconciliados y para poder cooperar con el Señor Jesús en la tarea de la evangelización reconciliadora de la humanidad, el trato íntimo, la oración diaria y perseverante es esencial. Organízate especialmente los días que más cosas tengas que hacer, para que nunca te falte un tiempo para rezar. Y si tienes que levantarte “muy de madrugada” para orar antes de que empiece el ritmo incesante de actividades, ¡haz ese sacrificio, que será ampliamente recompensado por el Señor!


LOS PADRES DE LA IGLESIA


«El ocaso del sol significa místicamente la pasión y muerte de Aquel que dijo: “En tanto que estoy en el mundo, soy la luz del mundo” (Jn 9,4). Es al ocaso del sol cuando es curada la mayor parte de los enfermos y poseídos, porque Aquel que durante su estancia en este mundo enseñó a unos cuantos judíos, les transmitió los dones de la fe y de la salvación a todos los pueblos de la tierra». San Beda


«Al decir “para esto he venido” «manifiesta el misterio de la Encarnación y el señorío de su divinidad confirmando que había venido al mundo por su voluntad. Y San Lucas dice: “Para esto soy enviado” (Lc 4,43), manifestando la buena voluntad de Dios Padre sobre la disposición de la Encarnación del Hijo». San Juan Crisóstomo


EL CATECISMO


La oración de Jesús


2599; ver. 2601: El Hijo de Dios hecho hombre aprendió a orar conforme a su corazón de hombre. Y lo hizo de su madre que conservaba todas las “maravillas” del Omnipotente y las meditaba en su corazón. Lo aprende en las palabras y en los ritmos de la oración de su pueblo, en la sinagoga de Nazaret y en el Templo. Pero su oración brota de una fuente secreta distinta, como lo deja presentir a la edad de los doce años: “Yo debía estar en las cosas de mi Padre” (Lc 2,49). Aquí comienza a revelarse la novedad de la oración en la plenitud de los tiempos: la oración filial, que el Padre esperaba de sus hijos va a ser vivida por fin por el propio Hijo único en su Humanidad, con y para los hombres.


2607: Cuando Jesús ora, ya nos enseña a orar. El camino teologal de nuestra oración es su oración a su Padre. Pero el Evangelio nos entrega una enseñanza explícita de Jesús sobre la oración. Como un pedagogo, nos toma donde estamos y, progresivamente, nos conduce al Padre. Dirigiéndose a las multitudes que le siguen, Jesús comienza con lo que ellas ya saben de la oración por la Antigua Alianza y las prepara para la novedad del Reino que está viniendo. Después les revela en parábolas esta novedad. Por último, a sus discípulos que deberán ser los pedagogos de la oración en su Iglesia, les hablará abiertamente del Padre y del Espíritu Santo.


La misión del Señor Jesús


606: El Hijo de Dios «bajado del Cielo no para hacer su voluntad sino la del Padre que le ha enviado» (Jn 6, 38), «al entrar en este mundo, dice: ... He aquí que vengo... para hacer, oh Dios, tu voluntad... En virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo» (Heb 10, 5-10). Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra» (Jn 4, 34). El sacrificio de Jesús «por los pecados del mundo entero» (1Jn 2, 2), es la expresión de su comunión de amor con el Padre: «El Padre me ama porque doy mi vida» (Jn 10, 17). «El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado» (Jn 14, 31).


763: Corresponde al Hijo realizar el plan de Salvación de su Padre, en la plenitud de los tiempos; ése es el motivo de su «misión». «El Señor Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, de la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras». Para cumplir la voluntad del Padre, Cristo inauguró el Reino de los Cielos en la tierra. La Iglesia es el Reino de Cristo «presente ya en misterio».


El Señor Jesús hace partícipes de su misión a los apóstoles


1: Dios, infinitamente Perfecto y Bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para que tenga parte en su vida bienaventurada. Por eso, en todo tiempo y en todo lugar, está cerca del hombre. Le llama y le ayuda a buscarlo, a conocerle y a amarle con todas sus fuerzas. Convoca a todos los hombres, que el pecado dispersó, a la unidad de su familia, laIglesia. Lo hace mediante su Hijo que envió como Redentor y Salvador al llegar la plenitud de los tiempos. En Él y por Él, llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, sus hijos de adopción, y por tanto los herederos de su vida bienaventurada.


2: Para que esta llamada resuene en toda la tierra, Cristo envió a los Apóstoles que había escogido, dándoles el mandato de anunciar el Evangelio: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 19-20). Fortalecidos con esta misión, los Apóstoles «salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban» (Mc 16, 20).


858: Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio, «llamó a los que Él quiso, y vinieron donde Él. Instituyó Doce para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar» (Mc 3, 13-14). Desde entonces, serán sus «enviados» [es lo que significa la palabra griega «apostoloi»]. En ellos continúa su propia misión: «Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20, 21). Por tanto su ministerio es la continuación de la misión de Cristo: «Quien a vosotros recibe, a mí me recibe», dice a los Doce (Mt 10, 40).


859: Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como «el Hijo no puede hacer nada por su cuenta» (Jn 5, 19.30), sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin Él de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla. Los Apóstoles de Cristo saben por tanto que están calificados por Dios como «ministros de una nueva alianza» (2Cor 3, 6), «ministros de Dios» (2Cor 6, 4), «embajadores de Cristo» (2Cor 5, 20), «servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios» (1Cor 4, 1).


!GLORIA A DIOS!!!


Enseñaba con autoridad

Posted by Ministerio de Comunicaciones de la rcc-li on 3 Ee febrero Ee 2021 a las 16:30 Comments comentarios (0)

Discipulado Carismático


RCC - DRVC


DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO


31 de Enero al 6 de Febrero 2021


“Enseñaba con autoridad“


Introducción


El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús, rodeado de sus discípulos, en la Sinagoga de Cafarnaún. Un pueblo y una Sinagoga muy frecuentada por Jesús. Era sábado, el día más importante de la semana para los judíos, y su actividad comenzaba orando y escuchando la Palabra de Dios, dando gracias. El evangelio dice que Jesús estaba enseñando y que la gente se quedaba asombrada de cómo hablaba. Decían que hablaba con autoridad, como nadie lo había hecho antes.


Dt 18, 15-20: “Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca”


Moisés habló al pueblo, diciendo:

— «El Señor tu Dios hará surgir un profeta como yo, de entre los tuyos, de entre tus hermanos. A él lo escucharán. Es lo que pediste al Señor tu Dios en el Horeb,

el día de la asamblea: “No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir”.

El Señor me respondió: “Tienen razón; haré surgir un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá”».


Sal 94, 1-2.6-9: “Escuchemos la voz del Señor”


Vengan, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.

Entren, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.

Ojalá escuchen hoy su voz: «No endurezcan el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras».

1 Cor 7, 32-35: “Quiero inducirlos al trato con el Señor sin preocupaciones”

Hermanos:

Quiero que estén libres de preocupaciones: el soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido.

Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido.

Les digo todo esto para bien de ustedes, no para ponerles una trampa, sino para inducirlos a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.


Mc 1, 21-28: “Se quedaron asombrados de su doctrina”


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaúm, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.

Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

— «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».

Jesús lo increpó:

— «Cállate y sal de él».

El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos:

— «¿Qué es esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen».

Pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región de Galilea.


Nota importante


Dios promete a su pueblo un profeta como Moisés (1ª. lectura), es decir, suscitará de en medio de su pueblo a uno a quien le confiará la misión de hablar por Él, para que diga exactamente todo lo que Él quiere decir: «Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande».


Dios a lo largo de los siglos fue suscitando grandes profetas en medio de su pueblo para hablar en su nombre al corazón de su pueblo. Mas aquella antigua promesa se cumple de un modo particular y excepcional en su propio Hijo, a quien envió Dios «al llegar la plenitud de los tiempos» (Gál 4,4). Y si «muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo» (Heb 1,1-2). Es el Hijo único del Padre, nacido de Mujer, un profeta “como Moisés”. Él no hizo más que hablar en nombre de su Padre: «Las palabras que les digo, no las digo por mi cuenta… la palabra que escuchan no es mía, sino del Padre que me ha enviado» (Jn 14,10.24).


Por Cristo, la Palabra hecha carne (ver Jn 1,1-2.14), quiso Dios «revelarse a Sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad». «En esta revelación, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía» (Dei Verbum, 2). Jesucristo es la plenitudde toda la revelación, es decir, por Él Dios ha querido decir a su criatura humana todo lo que necesita saber en orden a su salvación y reconciliación con Dios.


San Marcos relata en el Evangelio de este Domingo como el Señor Jesús, acompañado de sus primeros discípulos, llega a Cafarnaúm, una importante ciudad en Galilea en la que Él estableció su “centro de operaciones”.


El sábado siguiente Cristo asistió, como de costumbre, a la sinagoga. Todos los pueblos y pequeñas villas tenían una sinagoga. De la magnífica sinagoga de Cafarnaúm se conservan hoy ruinas importantes.


Los sábados se realizaban en las sinagogas los oficios. Estos consistían en una oración seguida de una lectura y exposición de la Sagrada Escritura lo que para nosotros es el Antiguo Testamento). Se tomaba primero un texto de “la Ley” (los cinco primeros libros llamados también “Pentateuco” y luego de algún libro de “los Profetas”. Inmediatamente venía una explicación de los textos divinos, que la podía realizar ya sea un sacerdote, el jefe de la sinagoga, o alguien a quien éste último designase por considerarlo suficientemente instruido y capacitado para ello.


La explicación de los textos divinos podía ser una exposición literal o alegórica, incluía la exposición de reglas de conducta, parábolas, exhortaciones, etc. El tema era libre y amplio, pero el método exigía dar autoridad a la exposición ya sea con la Escritura o con la “tradición de los padres”, es decir, con sentencias de rabinos importantes.


Hacia el centro de la sinagoga había una plataforma o tribuna, donde tenía su asiento el jefe y los miembros más respetables de la misma. Allí estaba también el sitio del lector y del que iba a hacer la exposición.


Aquél sábado el Señor fue invitado a hacer la exposición. Su enseñanza despertó una profunda admiración entre los oyentes: «se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad».


¿Qué clase de “autoridad” es esta, que contrasta con el modo como los fariseos y maestros enseñaban la Ley? La palabra griega ‘exousían’, utilizada por el evangelista y traducida a nuestra lengua como ‘autoridad’, significa también ‘poder’. Y es que más allá de impresionar y causar admiración en sus oyentes por la profunda sabiduría de sus palabras, por su “doctrina nueva”, su palabra tieneun poder nunca antes visto: por su palabra es capaz de sanar al hombre y curarlo de sus dolencias (ver Mt 8,8; Lc 7,7; Mc 2,10), por su palabra domina las fuerzas indomables de la naturaleza (ver Mt 8,24-26), por su palabra expulsa los espíritus inmundos y somete el poder del demonio (ver Mc 1,25s; Mt 8,16), por su palabra tiene incluso poder sobre la misma muerte (ver Lc 7,14s). Su palabra realiza aquello que pronuncia con el poder que sólo puede provenir de Dios. Su autoridad es divina.


Este enseñar “con autoridad” o “poder” es probablemente una insinuación de su divinidad. Siendo la Escritura “palabra de Dios”, ¿quién sino Él mismo podía interpretarla con autoridad? Un profeta sólo podía hablar “en nombre de Dios”, mas el Hijo de Dios hablaba de la Escritura con autoridad propia, interpretándola y exponiéndola como sólo Él puede hacerlo: desde un conocimiento pleno de lo que el Padre quiso revelar a su pueblo por medio de Moisés y los Profetas.


Esta autoridad divina tiene una inmediata confirmación: «Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo». Se trata de un endemoniado que, en medio de la asamblea, se pone a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».


La pregunta de si ha «venido a acabar con nosotros» es una evidente referencia a la lucha de Dios contra los poderes demoníacos. En Isaías se lee que los poderes celestiales malos serían finalmente juzgados y “encerrados” por Dios (Is 24, 22s). Este “juicio” sería realizado por “el Hijo del hombre”, el Mesías. De allí la pregunta del endemoniado.


El endemoniado asimismo dice saber que Él es «el Santo de Dios». No se trataba de un título oficial del Mesías. Sin embargo, siendo Israel el pueblo santo y de los santos (ver Dan 7, 25), el Mesías habría de sobresalir en santidad, pudiendo a él aplicarse esta denominación. Así lo llamó también Pedro (Jn 6, 69). El endemoniado lo califica así por reconocer en Él al enviado de Dios para traer la victoria sobre “ellos”.

«Jesús lo increpó: “Cállate y sal de él”». La razón de este silencio que le impone es la de no divulgar anticipadamente que Él es el Mesías. Al ordenarle salir de él «el espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió».


Al ver esto los asistentes quedan más asombrados aún: «¿Qué es esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen». El poder sobre el demonio es prueba de su poder y dominio absoluto sobre el reino del mal. Su enseñar con autoridad no es sólo por la manera como enseña, sino porque «hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen».


LAS LUCES PARA LA VIDA CRISTIANA


El Señor Jesús no es un gran maestro o un “gurú” más entre varios otros. Quien así piensa no ha comprendido o aceptado que Él es el Hijo mismo de Dios, Dios de Dios y Luz de Luz. En cuanto tal, Él está muy por encima de cualquier maestro, sabio o iluminado que hayan pisado nuestro suelo. Nosotros afirmamos y creemos firmemente lo que la Iglesia ha recibido de los apóstoles y nos ha transmitido a cada uno de nosotros: que Cristo el Señor es la Palabra eterna que desde siempre ha estado con Dios, la Palabra creadora por la que todo lo visible e invisible ha pasado de la nada a la existencia. Él mismo es la Palabra divina que se hizo hombre para hablarnos en lenguaje humano del misterio de Dios y del misterio del ser humano. Él es la Palabra Viva que es la Vida y la Verdad que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (ver Jn 1,9).


Mas aunque el Señor Jesús por su condición divina tenga plena autoridad y poder sobre todo lo creado, sobre el mal y la muerte, su poder se detiene, o habría que decir mejor que se estrella ante la libertad del ser humano: su Palabra se torna ineficaz ante un corazón que se cierra y se endurece, que consciente o inconscientemente desoye a Dios. Y es que Dios que nos ha creado libres —porque nos ha creado para participar de su mismo amor y porque el amor no se impone— respeta a todo aquel que le dice: “no quiero que Tú entres en mi vida y me digas lo que tengo que hacer o no hacer para ser feliz. Yo quiero definir por mímismo qué es lo bueno y qué es lo malo para mí. Yo quiero ser mi propio dios, dueño de mi propia vida y constructor de mi propio destino, no quiero que Tú te entrometas, no quiero que Tú me limites”. ¡Cuántas veces le decimos “no” a Dios porque lo vemos como un enemigo de nuestra felicidad, porque “no me deja hacer lo que más me place, lo que a mí me gusta, lo que me deleita o me produce algún éxtasis intenso, lo que según mi criterio me hace feliz”!


En cambio, ¡con qué prontitud, confianza total y falta de sensatez, sentido común y recto discernimiento le decimos sí a las voces, sugerencias e invitaciones de las modas del mundo, de los reclamos sensuales de nuestra propia carne o incluso de las tentaciones del demonio siempre disfrazadas de “esto es bueno y excelente para ti” —aún cuando Dios claramente te advierte que es fruto de muerte—, que nos ofrecen ser felices si nos postramos ante los ídolos del placer, del tener o del poder! Al poco tiempo, si somos honestos con nosotros mismos y dejamos de engañarnos, nos damos cuenta de que allí no encontramos más que sucedáneos, ilusiones que sólo duran lo que dura un soplo, que al pasar su mágico embrujo nos dejan humillados, destrozados, heridos profundamente, rotos interiormente, avergonzados al punto de llegar al desprecio de nosotros mismos, cargados de amarguras, resentimientos, odios que nos envenenan. ¡Aún así, cuántas veces seguimos prefiriendo esas “voces” que nos ofrecen el oro y el moro si les vendemos nuestra alma, a escuchar la voz de Dios, confiar en Él y seguir sus enseñanzas! Necios somos, un pueblo de dura cerviz y corazón endurecido, tardo y lerdo para confiar en Dios y creer en su amor.


Ante el Señor Jesús “que enseña con autoridad”, con la autoridad de Aquél que es absolutamente coherente con lo que enseña, pero con la autoridad mayor aún de Aquél que conoce lo que hay en lo más profundo de los corazones humanos, que sabe para qué ha sido creado y cuál es el camino de su propia realización, hoy se nos exige más que sólo una actitud de admiración, se nos exige una toma de posición y una reacción: o acepto vivir de acuerdo a lo que el Señor me enseña, dejándome transformar interiormente por el poder y eficacia de su Palabra, o endurezco mi corazón y rechazo su doctrina y al Maestro, viviendo de acuerdo a mis propios criterios, de acuerdo a los criterios del mundo o del mal, apartándome cada vez más de Dios, hundiéndome cada vez más en la oscuridad, en el vacío, en la soledad y la muerte que se hallan fuera de Dios. No existe untérmino medio: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro» (Mt 6,24).


Aquél que con humildad y confianza le abre su corazón al Señor, acoge su Evangelio y se esfuerza por seguir las enseñanzas del Maestro, pronto experimenta en sí mismo la eficacia y el poder transformador de Su Palabra (ver Heb 12,3). Él trae la aurora que disipa las tinieblas que se han apoderado del corazón. Él, por su palabra, todo lo renueva en nosotros.


Si elijo escuchar la voz de Dios, si elijo confiar en Él más que en las voces del mundo, de mi propia carne o del demonio que me instigan a desconfiar de Dios, de su palabra, de su amor, incluso de su existencia misma, pronto me encontraré con algunos obstáculos que me dificultarán, en mayor o menor medida, escuchar esa voz del Señor y retener su palabra en lo íntimo del corazón, con afecto profundo, de modo que pueda —asimilados esos criterios divinos y adheridos cordialmente a ellos— vivir una vida de acuerdo a sus enseñanzas. Mencionemos algunos, que no son todos ciertamente, para buscar en nuestra vida cotidiana un remedio y solución, para no dejar de poner paciente y perseverantemente los medios necesarios para disponernos de la mejor manera para la escucha y acogida de la enseñanza divina.


Un obstáculo cada vez más frecuente en nuestra agitada y acelerada sociedad es la falta de tiempo. Tenemos o nos llenamos de una y mil cosas que hacer. Ciertamente hay mucho por hacer, horas de trabajo que realizar para ganar el pan de cada día, horas que dedicar al estudio e investigación, horas que demanda también nuestra vida social. El problema es cuando en medio de tanta actividad ya no le dejamos espacio a la oración, a la lectura y meditación de la Escritura, a una lectura espiritual, y a veces ni siquiera ya a la Misa del Domingo. El problema es cuando en medio de tanto quehacer, a la hora de plantear nuestras propiedades resulta que para el Señor “no tengo tiempo”. ¿Cómo pretendo escuchar al Señor, si ya ni siquiera me doy un tiempo y espacio de tranquilidad para encontrarme con Él? Nos quejamos tantas veces de que “el Señor no me habla” cuando Él no deja de hablarnos por medio de su Hijo principalmente, y de muchas otras maneras también, algunas muy sutiles.


No escucha a Dios ciertamente quien no se habitúa a escucharlo día a día, teniendo con Él esos momentos y espacios de encuentro, de lectura y reflexión desu palabra. Necesitamos hacernos el hábito de tener momentos fuertes de oración, de pasar más ratos de oración en el Santísimo, de educarnos a hacer silencio en el corazón en medio de tantas y tan exigentes actividades de cada día, necesitamos en algún momento del día hacer un alto, abstenernos de toda actividad para sentarnos a los pies del Señor y llegarnos a Él para escuchar las palabras de vida que brotan de sus labios y fluyen de su Corazón rebosante de amor por nosotros. Si no le regalamos esos momentos, si no nos hacemos violencia y reordenamos nuestras prioridades de modo que no le demos al Señor solamente el tiempo que nos sobra —si es que nos sobra— sino un momento central de nuestra jornada, tampoco escucharemos su voz, tampoco Él nos regalará con la experiencia íntima de su presencia amorosa. En ese caso, seremos nosotros los únicos culpables de esa sordera que nos impide escuchar al Señor.


Pero no basta ponernos en la presencia del Señor, ante el Santísimo, o en un lugar silencioso y apartado, en mi cuarto o en un oratorio. También hay que hacer silencio en el corazón. ¡Cuantas veces entramos en la presencia del Señor cargados con vanas preocupaciones, abrumados con nuestros pendientes, agitados con mil ideas: apenas nos deshacemos de una distracción viene otra! ¡Cuánta bulla cargamos en nuestro interior y qué difícil se hace hacer silencio en esos momentos en que queremos ponernos ante el Señor! Y así, tan disipados como estamos pensando en todo menos en el Señor, en su presencia, en sus palabras, aquél precioso momento no pasa de ser sino un momento de escucharnos a nosotros mismos, de estar centrados en nuestros problemas, de reflexionar en miles de cosas que nada tienen que ver con lo que he venido a hacer: ponerme en la presencia del Señor, estarme con Él, meditar en su palabra, rumiarla, hacerla mía, dejarme iluminar por ella, apropiarme de ella al calor de la oración para que se convierta en un criterio firme de conducta.


En la que a nosotros nos toca, hagamos un serio y sostenido esfuerzo por buscar continuamente al Señor en la oración y procuremos hacer silencio en nuestro interior, para poder escuchar, acoger y dejarnos transformar por la palabra del Señor, por el Señor Jesús mismo que es la Palabra viva pronunciada por el Padre desde toda la eternidad, Palabra por la que todo vino a la existencia.


LOS PADRES DE LA IGLESIA


«La gente estaba admirada de su enseñanza. ¿Qué era la novedad que Jesús predicaba? ¿Qué decía de nuevo? Jesús no hacía otra cosa que repetir lo que ya había anunciado por medio de los profetas. Pero la gente se quedaba sorprendida porque Jesús no enseñaba con los métodos de los maestros de la ley. Enseñaba con su propia autoridad; no como rabino sino como Señor. No hablaba refiriéndose a otro mayor que él. No, la palabra que anunciaba era su propia palabra; y si, al fin y al cabo, empleaba este lenguaje lleno de autoridad, es porque afirmaba que estaba presente en él Aquel de quien hablaba por medio de los profetas: “el pueblo sabrá que era Yo [el Señor] quien le hablaba” (Is 52,6)». San Jerónimo


«Cuando Pablo dice a su discípulo: Vete enseñando todo esto, reprendiendo con toda autoridad, no es su intención inculcarle un dominio basado en el poder, sino una autoridad basada en la conducta. En efecto, la manera de enseñar algo con autoridad es practicarlo antes de enseñarlo, ya que la enseñanza pierde toda garantía cuando la conciencia contradice las palabras, por tanto, lo que le aconseja no es un modo de hablar arrogante y altanero, sino la confianza que infunde una buena conducta. Por esto hallamos escrito también acerca del Señor: Les enseñaba como quien tiene autoridad, y no a la manera de los doctores que tenían ellos. El, en efecto, de un modo único y singular, hablaba con autoridad, en el sentido verdadero de la palabra, ya que nunca cometió mal alguno por debilidad. Él tuvo por el poder de su divinidad aquello que nos comunicó a nosotros por la inocencia de su humanidad». San Gregorio Magno


NUESTRO CATECISMO


Enseñaba con autoridad


581: Jesús fue considerado por los judíos y sus jefes espirituales como un «rabbi». Con frecuencia argumentó en el marco de la interpretación rabínica de la Ley. Pero al mismo tiempo, Jesús no podía menos que chocar con los doctores de la Ley porque no se contentaba con proponer su interpretación entre los suyos, sino que «enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas» (Mt 7, 28-29). La misma Palabra de Dios, que resonó en el Sinaí para dar a Moisés la Ley escrita, es la que en El se hace oír de nuevo en el Monte de las Bienaventuranzas. Esa palabra no revoca la Ley sino que la perfecciona aportando de modo divino suinterpretación definitiva: «Habéis oído también que se dijo a los antepasados... pero yo os digo» (Mt 5, 33-34). Con esta misma autoridad divina, desaprueba ciertas «tradiciones humanas» Mc 7, 8 de los fariseos que «anulan la Palabra de Dios» (Mc 7,13).


582: Yendo más lejos, Jesús da plenitud a la Ley sobre la pureza de los alimentos, tan importante en la vida cotidiana judía, manifestando su sentido «pedagógico» por medio de una interpretación divina: «Todo lo que de fuera entra en el hombre no puede hacerle impuro... -así declaraba puros todos los alimentos- ... Lo que sale del hombre, eso es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas» (Mc 7, 18-21). Jesús, al dar con autoridad divina la interpretación definitiva de la Ley, se vio enfrentado a algunos doctores de la Ley que no recibían su interpretación a pesar de estar garantizada por los signos divinos con que la acompañaba. Esto ocurre, en particular, respecto al problema del sábado: Jesús recuerda, frecuentemente con argumentos rabínicos, que el descanso del sábado no se quebranta por el servicio a Dios o al prójimo que realizan sus curaciones.


2173: El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día, sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 27). Con compasión, Cristo proclama que «es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla» (Mc 3, 4). El sábado es el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios. «El Hijo del hombre es Señor del sábado» Mc 2, 2.


Para la Reflexion


¿Qué nos quiere decir el Señor con todo esto?


Que el mensaje de Jesús es una Buena Noticia y que hay que vivirla como tal. Que no tengamos miedo de acercarnos a su Palabra y dejarnos transformar por ella, como a aquel hombre le pasó. Y que hagamos de nuestra vida un gran testimonio, un gran mensaje para todas las personas, de lo mucho y lo bueno que hace Dios con cada uno de nosotros. La fe es para vivirla con alegría, con esperanza y con gozo. Y la Eucaristía es el momento donde compartimos todo eso, como hermanos, como hijos todos de un mismo Padre que nos quiere. Vivámoslo así.


!Gloria a Dios!!!



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